Piratas del Caribe: La Venganza de Salazar [Crítica]

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Piratas con resaca

El cine de piratas da mucho juego en la gran pantalla, pero ninguna saga ha explotado tanto este género como esta franquicia de Disney que empezó como una versión cinematográfica de una de sus atracciones en Disneyland y ha terminado firmando el quinto capítulo de la saga. ★★★☆☆

La Venganza de Salazar cumple con el mismo patrón que la anterior entrega: una historia con un nuevo y vengativo villano horrorosamente interpretado (en el buen sentido) por Javier Bardem amenizada con píldoras directamente relacionadas con la trama principal de la franquicia. No falta el romance juvenil de un melenas de mechas californianas y mirada limpia llamado Henry Turner con la astrónoma y versión británica de Emma Stone, Carina Smyth. Pero, por quinta vez, es Jack Sparrow, botella de ron en mano, el magneto principal que hace girar la brújula de atención de un público que sabe que no puede vivir sin él.

Cuando vamos a ver una nueva entrega de Piratas del Caribe es inevitable preguntarse por qué dedicamos nuestro tiempo a sus películas. Puede ser el morbo de saber si será una patata o una producción brillante del llena bolsillos Jerry Bruckheimer, o quizás la búsqueda de alivio para los que anhelan encontrar en una breve secuencia o en las escenas postcréditos a su personaje favorito. Quizás atraiga también a aquellos que dan palmas por cameos musicales como el que realizara Keith Richards en la tercera entrega o los chistes que hace Paul McCartney en La Venganza de Salazar.

Lo que busca la audiencia mayoritaria es entretenimiento y mucho ruido para que nadie pueda oír el roer de sus palomitas. Salvo dos o tres secuencias de acción con personalidad como el robo del banco o los virajes de Sparrow con la guillotina, la cinta se hace larga por el simple hecho de que todos los que sueñan con grandes aventuras en alta mar miran a la pantalla desesperanzados sabiendo que La Venganza de Salazar es más de lo mismo, predecible en cada giro y apoyada únicamente en una estrella del rock sobreexplotada y en unos efectos especiales que hasta se permiten mostrar una versión más joven de Johnny Depp.

Resident Evil: El Capítulo Final [Crítica]

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¿Pero no hemos visto ya esta película?

La pornografía de la acción y los sustos, junto al rock industrial como banda sonora, hacen ruido para tapar una historia prescindible y nada original en la que la protagonista ejecuta su sexta venganza contra unos villanos de tercera categoría. ★★☆☆☆

Desde la primera película hasta la última, sabíamos que el matrimonio entre la saga de videojuegos Resident Evil y su adaptación cinematográfica no llegaría a buen puerto. Según iban estrenando más largometrajes, metían algún que otro fan-service para satisfacer a los fans del popular título de Capcom, pero finalmente el film decidió tomar su propio camino con el personaje de Milla Jovovich como eje principal de la historia.

Con Resident Evil: El Capítulo Final ya podemos descansar todos. Se acabaron los ‘cosplay’ cutres intentando hacer referencia a personajes como Claire Redfield (a la que volvemos a ver en esta última historia con una chaqueta roja por si algún despistado no entiende de qué personaje se trata) y los villanos de tercera categoría como el Dr. Isaacs o la versión con atracón de anabolizantes de Albert Wesker.

La trama nos vuelve a situar en un futuro apocalíptico a lo Mad Max con Alice sola ante los peligros que se van sucediendo en una estructura de susto-suspense-susto hasta que se encuentra con la oportunidad de ejecutar su enésima venganza contra Umbrella. El espectador será testigo de escenas que no son más que un refrito de lo visto en anteriores films de la saga y no saboreará algo de sustancia argumental hasta los últimos minutos del largometraje.

Es entonces cuando descubrimos el verdadero pasado de Alice y su relación con la corporación Umbrella, pero el cineasta Paul W. S. Anderson falla en darle un final épico a un paquete de seis películas, entre las cuales hay otras como Apocalipsis o Ultratumba que sí han sabido honrar el cine palomitero de la gran pantalla con alguna que otra secuencia medianamente memorable.

Con la conclusión de esta doble trilogía podríamos estar hablando de un fin de ciclo, especialmente teniendo en cuenta que este mismo mes Resident Evil 7 ha llegado a las consolas de última generación ofreciendo una experiencia que se acerca más al terror psicológico que a la acción a la que nos habían acostumbrado sus anteriores entregas y las rudas adaptaciones cinematográficas.