YEASAYER – Amen & Goodbye [RESEÑA]

Jardineros de su propia frondosidad
Yeasayer recoge el estilo que cosechó en sus dos primeros discos para grabar un disco de una frondosidad musical que vuelve a llenar a su discografía de luces y colores.
★★★★★
Con su tercer disco, Fragrant World, Yeasayer perdió a una gran cantidad de seguidores que no vieron con buenos ojos que este trío de Brooklyn abrazase tanto la electrónica para introducirnos en una distopía futurista. Aunque en su momento sacaron pecho con su anterior LP, parece que el grupo formado por Chris Keating, Ira Wolf y Anand Wilder no han podido evitar darle a su audiencia lo que lleva echando de menos desde aquel Odd Blood de 2010. No podemos decir que hemos salido perdiendo, ya que Amen & Goodbye tiene todos los elementos que le puedes pedir a unos profetas musicales que siempre parecen ir un paso por delante con sus apuestas arriesgadas pero siempre acertadas. Su cuarto álbum arranca con claras influencias de los Beatles en ‘Daughters Of Cain‘ y estalla en su propia frondosidad musical a través de ‘I Am Chemistry‘, el primer single que lanzaron al mundo para presentar su nuevo trabajo.
Silly Me‘ es la hermana de O.N.E. en cuanto a pop pegadizo de la mano de Anand Wilder. El disco parece una sucesión de un hit seguido de otro hit, con ‘Half Asleep‘ recuperando el sitar de sus inicios y ‘Dead Sea Scrolls‘ regalándonos un solo de saxo de esos que te taladran el alma. La producción es exquisita y los elementos pueden degustarse de forma individual al estar perfectamente situados en la estructura de cada canción. Estamos ante una obra maestra desde la portada hasta el cierre, ya que el art work corre a cargo de David Altmejd, un canadiense que ha creado una escena física al estilo de Dali teniendo en cuenta elementos de la cultura y personalidades actuales. Lo bizarro se apodera por minutos del LP y escuchamos una ronda de aplausos mientras suena un clavecín en ‘Child Prodigy‘ para dar paso a la fase final de este Amen & Goodbye.
Chris Keating entrega su último temazo con ‘Gerson’s Whistle‘ antes de dejar que Anand Wilder cierre el disco con una nocturna y primaveral canción de amor en ‘Uma‘ y un tema que suena a mezcla entre el sonido del Viva la Vida de Coldplay y el Hail to the Thief de Radiohead llamado ‘Coldnight‘. Yeasayer ha demostrado que son los mejores en lo que hacen. Son la banda que todo grupo moderno quiere ser y se traen del futuro una frondosidad que completa los mejores jardines del panorama musical. Aquí encontrarás una apuesta lucida, generosa, valiente y espléndida. La mejor versión de tres amigos que han sudado sangre para grabar un disco plagado de retos y viajes hacia lo extraño y lo desconocido. Esta nueva pila de canciones y su notable apuesta en directo les convierte una vez más en una de las bandas más interesantes para subrayar en un festival veraniego.
Tracklist_

1. Daughters of Cain
2. I Am Chemistry
3. Silly Me
4. Half Asleep
5. Dead Sea Scrolls

6. Prophecy Gun
7. Computer Canticle 1
8. Divine Simulacrum
9. Child Prodigy
10. Gerson’s Whistle
11. Uma
12. Cold Night
13. Amen & Goodbye

Reseña publicada en Muzikalia>>>

YEASAYER – Glass Of The Microscope [TRADUCIDA]

Una canción para ‘subir’ el ánimo este fin de semana. A mí este tema del último disco de Yeasayer me pone los pelos de punta. Pero cuando lees la letra te dan ganas de llorar de lo jodidos que estamos.

¡Que paséis buen verano! Yo para huir de la depresión me voy a San Francisco a ver a este pedazo de grupo. Ya os contaré a la vuelta.

Cuídense mucho y amenicen los chapuzones con buena música.

El Cristal Del Microscopio
Ayer estuvo bien
Y hoy tenía buena pinta
Y estamos contentos de que el cielo se haya abierto
Para dejar paso a la luna
Ojalá
Pudiera decirte
Que todo va a ir bien
Ojalá
Pudiera decirte
Que todo va a ir bien
Pero en realidad estamos condenados
Consumidos por todo el humo de los camiones
Que te mataría sin que pudieras emitir ningún sonido
En realidad estamos condenados
Metidos bajo tierra con inundaciones, villanos de la justicia y bencina
La arquitectura está arruinando esta ciudad
Reclínate, no te ahogues
Bajo el cristal del microscopio
Reclínate, no te ahogues
Bajo el cristal del microscopio
Una y otra vez
Y una vez más
Ojalá
Pudiera decirte
Que todo va a ir bien
Ojalá
Pudiera decirte
Que todo va a ir bien
Pero en realidad estamos condenados
Consumidos por todo el humo de los camiones
Que te mataría sin que pudieras emitir ningún sonido
En realidad estamos condenados
Metidos bajo tierra con inundaciones, villanos de la justicia y bencina
La arquitectura está arruinando esta ciudad
Reclínate, no te ahogues
Bajo el cristal del microscopio
Reclínate, no te ahogues
Bajo el cristal del microscopio
Reclínate, no te ahogues
Bajo el cristal del microscopio
Reclínate, no te ahogues
Bajo el cristal del microscopio
Una y otra vez
Y una vez más
Glass Of The Microscope
Yesterday was nice
And today looked fine
And we’re glad the sky opened up
The moon came crashing down

I wish that I
Could tell you
That it’s all alright
Wish that I
Could tell you
That it’s all alright

But in truth we’re doomed
Consumed by all the truck fumes
That would kill you without uttering a sound
In truth we’re doomed
Entombed by the spills the wicked law men and the benzene underground
The architecture ruining this town

Tilt your head back, don’t choke
Under the glass of the microscope
Tilt your head back, don’t choke
Under the glass of the microscope

Over and over
Over again

I wish that I
Could tell you
That it’s all alright
Wish that I
Could tell you
That it’s all alright

But in truth we’re doomed
Consumed by all the truck fumes
That would kill you without uttering a sound
In truth we’re doomed
Entombed by the spills the wicked law men and the benzene underground
The architecture ruining this town

Tilt your head back, don’t choke
Under the glass of the microscope
Tilt your head back, don’t choke
Under the glass of the microscope
Tilt your head back, don’t choke
Under the glass of the microscope
Tilt your head back, don’t choke
Under the glass of the microscope

Over and over
Over again

YEASAYER – Fragrant World [CRÍTICA]

¡La máquina está viva!
Yeasayer realiza una transfusión completa de sangre entre hombre y máquina en uno de los discos más esperados del año. Una fantasía que conlleva una obsesión.
Es habitual que durante el último cuatrimestre del año salgan los mejores discos de la temporada. Ya sea para ayudar a la gente con sus nuevos cursos y trabajos, para aprovechar el tirón de las navidades o calentar los músculos que se enfrían con la muerte del verano.
El tercer disco de Yeasayer era de los más esperados a escala mundial. Odd Blood fue el disco del 2010 para muchos críticos, audiencia y, ojo, músicos también. Las expectativas eran altas, y la banda de Brooklyn aumentaba la ansiedad en la espera presentando dos de los diez temas temas de su disco por televisión e Internet.
Henrietta‘ es una obra maestra del romanticismo futurista en la que la línea del bajo solamente encuentra competidor en los sintetizadores; y ‘Longevity‘ es un relato sofisticado de belleza asiática y ritmos que se engancha como redes de pescar.
Yeasayer obsesiona. Entre el tumulto de sonidos, ya sea que cante el indio Anand Wilder en la sensual ‘Blue Paper’ o sea Chris Keating el que realice el encantamiento con la dulce ‘Fingers Never Bleed‘, el ritual logra su objetivo y vuelves a su música como una rata hambrienta en una ciudad pos-apocalíptica.
La sobredosis la sufrirás con ‘Devil and the Deed‘, y cuanto más alta la pongas, más incrustada se quedará en tu pobre cerebro. Ese que se negaba a enviar señales al cuerpo para que se pusiera a bailar, ahora funciona descontrolado sumergido en esta audio-fantasía.
Los chicos de Yeasayer se entregan cuerpo y alma a la máquina hasta mutar a un hombre biónico. Mientras este proceso se completa aparece en escena el robot funky de ‘No Bones‘, y la banda nos presta un último baile con ‘Reagan’s Skeleton‘, en la que su sonido se presta a un tema que bien podría estar firmado por los Scissor Sisters.
Otro de los efectos secundarios de esta transformación de hombre-máquina es la ilusión de las serpientes en ‘Demon Road‘, en la que podemos volver a oír los sonidos étnicos que caracterizan a Yeasayer desde el primer disco. Wilder reivindica el micro de nuevo en ‘Damaged Goods‘ con una balada techno-pop con la que Fragrant World llega a su anochecer.
El dominio de estos músicos en la transición de instrumentos tradicionales a electrónicos es absoluto. Tomaremos al espécimen de ‘Folk Hero Shtick’ como ejemplo y la manera en la que el bajo de guitarra se transforma en un potente láser electrónico que hace que todo retumbe.
Llega el último tema, ‘Glass of the Microscope’, en el que a Yeasayer le brillan los ojos como cristales. Es ese instante de mirarle y decidirte si debes entregarte a él definitivamente. Si resistes el encanto de esta última, honesta y lacrimosa mirada podrás tirar este álbum a la papelera y pensar que todo fue una extraña pesadilla. Si caes, tendrás en Fragrant World un nuevo mundo que visitar, pero a la vez un lugar en el que ya has estado antes, quizás durante aquellos días de un futuro pasado.
Tracklist
1. Fingers Never Bleed
2. Longevity
3. Blue Paper
4. Henrietta
5. Devil and the Deed
6. No Bones
7. Reagan’s Skeleton
8. Demon Road
9. Damaged Goods
10. Folk Hero Shtick
11. Glass of the Microscope

Yeasayer ofrece disco en directo por Navidad

La banda de Brooklyn ha decidido colgar en su web un directo que ofrecieron en Bélgica el pasado 28 de octubre durante su gira Europea. Yeasayer, que lanzaron este año su fantástico segundo disco, Odd Blood, ha querido agradecer a sus fans el apoyo recibido durante el 2010.

El disco, con 13 temas en directo, está disponible en descarga gratuita o abonando un donativo hasta un máximo de 9.99 dólares.

Lista de canciones: 

– Madder Red
– Rome
– Wait For The Summer
– Tightrope
– Red Cave
– Grizelda
– Sunrise
– Mondegreen
– Strange Reunions
– O.N.E.
– Ambling Alp
– The Children
– 2080

Enlaces de interés: 

ESPECIAL: FUJI ROCK 2010 / 30, 31 de julio y 1 de agosto

Melodías entre ramas

Una vez al año los árboles y las piedras de Naeba abren sus ojos para presenciar un espectáculo único. Cualquier estilo: rock, pop, electrónica, indie, funk, jazz, metal, flamenco, étnica, folk, punk soul, rap, tecno… Cualquier país: Estados Unidos, Australia, Inglaterra, Francia, Escocia, Suecia, Cuba, Canadá, Alemania, España y por supuesto Japón. Solamente importa una cosa: encontrarle un buen novio musical a la naturaleza, un romance que el público pueda disfrutar las 24 horas durante tres días.

Los montes del Ski Resort de Naeba olvidan sus nevados inviernos y a los aficionados al ski para dar paso a los amantes de la buena música en una temporada de calor húmedo y lluvias. Vestidos como excursionistas y oliendo a repelente de insectos, parejas, familias, amigos y amigas se adentran en los bosques y colinas musicales del Fuji Rock.



La música es oro, el silencio es plata

El Fuji Rock es respeto. Respeto por la naturaleza por medio del reciclaje y el cuidado por el medio ambiente. Respeto por la música, tanto entre artistas y sus tiempos en el escenario como entre los asistentes y sus ídolos. Y algo que se agradece, y mucho, respeto entre público, en el país de las colas y el orden, el Fuji Rock no podría ser diferente.

La audiencia es en su gran mayoría japonesa. Esas personas atentas sonrientes, a veces extravagantes y casi siempre tranquilos. Una templanza que parecía timidez, como cuando el líder de los estupendos Alberta Cross preguntaba al público si estaba disfrutando del festival, éste guardaba silencio a lo que el neoyorquino respondía “¡Suena a que no!”.

Incluso se podía apreciar en uno de los conciertos más emotivos e interesantes de todo el festival, el que dio la banda de Thom Yorke, Atoms f

or Peace, en el escenario principal, el Green Stage: “Dejad ya de hacer tanto ruido, ¿vale?”, bromeaba el líder de Radiohead entre risas.

Muse, a pesar de ser cabeza de cartel del primer día y abarrotar todo el llano frente al escenario principal y sonar como nunca, no daba crédito a la timidez y prudencia de su público. En aquellos momentos en los que un enchufadísimo Matt Bellamy enfocaba el micro hacia el público para que cantase las partes más calientes de temas épicos como Time is Running Out o Starlight, las decenas de miles de personas respondían susurrando la letra de la canción.

Pero no era todo aplaudir y gritar solamente cuando tocaba, los japoneses también saben desinhibirse.

Vacaciones en el monte


Local Natives son el ritmo y la melodía sin sacrificar alguno de los dos atributos en ningún momento. Es un canto celestial que pisa tierra firme para volver a subir ante la mirada y escucha del entregado público nipón. “Un público increíble, no entiendo como nos conocías todavía chicos si aún no hemos sacado aquí nuestro disco”, comentaba sorprendido desde el White Stage el bigotudo cantante del grupo.

En el mismo escenario que los Natives, Corinne Bailey Rae se reafirmó junto a su banda como la artista de indie soul más prometedora del siglo actual. Bajo una intensa lluvia, la cantante británica levantaba sus brazos con aire sensual mientras rezumaba talento, simpatía, dulzura y belleza. Nadie abandonó su parcela de barro, y un chico japonés decidió

tirar su timidez al charco para soltar un grito de “¡I love you!” a la cantante, quien respondió con una enorme sonrisa, “¡Thank you!”.

Los norirlandeses Ash son bien queridos en tierras niponas. Muestra de ello fue la reacción más salvaje del público en todo el festival ante los temas más clásicos de la banda como Kung Fu o Girl From Mars. Algunos se animaban a bailar y patalear en el co

rro que se formó frente al escenario, otros huían del barullo entre risas y con las manos en la cabeza. Tim Wheeler, líder de la banda, se emocionó tanto que una ronda de gritos le dejó afónico para el final de su actuación.

Lo de Vampire Weekend fue una fiesta en la playa. No tan solo por su líder vestido con bañador, una suerte de Paul Simon del siglo 21, o por las pelotas hinchables que botaban por el público, sino por el veraniego toque de cada una de las canciones que flo

taban desde el escenario. Bailes, sonrisas y guiños de ojo se sucedían por todos lados, el periodo estival llegó al monte de Naeba.

Otro gran ejemplo de concierto entretenido y positivo fue el de John Butler Trio y su hábil rock australia

no. Tras la presentación de su nuevo álbum, April Uprising, y de una exhibición musical y una total capacidad de control en el jam instrumental, el ya colmado público del Green Stage terminó haciendo una ola desde la primera fila hasta los pies del bosque.

Algo parecido vivió Jamie Cullum, con una entrega correspondida entre el público y artista, siendo Cullum el valiente que bajó del escenario para recorrer todo el foso y chocar las manos de sus fans. Fue un niño y el piano su juguete. Besaba el micro, saltaba desde el piano varias veces y completó su set list con versiones de Radiohead y Rihanna. “No hay nada en el mundo como este festival, es genial hast

a cuando llueve, no como en Glastombury”, llegó a afirmar el joven inglés.

Muse no se quedó corto, a pesar de estar completando una de sus giras más ocupadas, Mathiew Bellamy salió repeinado junto a un Dominic Howard vestido de astronauta como salido de un anime japonés y el siempre serio bajista Chris W

olstenholme. El líder de la banda estuvo entregadísimo de principio a fin. No es de extrañar que en ocasiones se endiose a semejante artista cuando en el escenario del Green Stage realiza seis vueltas seguidas mientras toca el complejo riff de Plug in Baby.

Los conciertos nocturnos siguen siendo los más multitudinarios. Como fue el caso de MGMT, que su revitalizante actuación provocó el corte del acceso entre el Green Stage y el escenario donde tocaban, el White Stage, dado que superaron el aforo límite de este último.

Producto nacional nipón



Las bandas japonesas cumplieron su cometido a pesar de que realmente no había ningún peso pesado nipón en el cartel. Quizás Asian Kung Fu Generation fueron los que sustentaron el estandarte de

banda más popular japonesa, y provocaron unos cuantos saltos en su actuación aunque resultó sorprendente a la par que decepcionante que no tocaran su tema más conocido en el mundo, Haruka Kana

ta, tema principal de la popular serie de anime Naruto.

Serían más de destacar aquellos grupos y solistas nacionales que ofrecían un concierto más íntimo. La cantante folk en el pequeño escenario de Gipsy Avalon, la reducida banda de jazz arrinconada en el diminuto escenario oculto entre los árboles del bosque, la minimalista banda indie melódica en el Field of Heaven, o la big band japonesa instalada en el lejano Orange Court. Artistas menos mediáticos y conocidos, pero que aportaban un toque de paz acompasado con el precioso contexto de los montes de Naeba.

Papa se va de viaje


Fuji Rock 2010 ha estado marcado por las nuevas bandas que los líderes de grupos de culto como Radiohead, Rage Against the Machine o The Shins han decidido ‘montar’ por su cuenta. Thom Yorke, Flea y el rest

o de Atoms for Peace dieron un auténtico recital, el perfecto broche final en el tercer día del festival. Tocaron todo el disco en solitario de Yorke, una canción nueva, más algunas canciones de Radiohead como I Might be Wrong, todo ello con cierto toque personal de la banda.

Broken Bells suena bien, pero por desgracia no pasa de momento de ser la versión simple de The Shins. Pero el hawaiano y veterano líder de la banda no defraudó, y dio un concierto de textura íntima en la carpa del Red Marquee donde presentó el álbum debut de su nueva banda.

Apenas dos meses de su increíble actuación junto a Rage Against the Machine en Es

paña, Zack de la Rocha sube de nuevo al escenario de la mano de su nueva banda One Day as a Lion. Es una apuesta arriesgada, en la que la voz del carismático profeta del rap va solamente acomp

añada de un sintetizador y un batería indestructible. Sus nuevas canciones giran en torno a su primer single, Wild International, una adictiva pesadilla en la que uno termina metiéndose hasta el fondo del plano oscuro musical del tema.

Cena para nostálgicos


El Fuji Rock es un festival muy familiar. Hay zonas de juegos, columpios, teatro infantil, actividades…, en las que niños de todas las edades pueden disfrutar con sus padres o monitores del festival. Pero claro, un padre no paga más de 350 euros para pasear a sus críos durante tres días por el monte.

Jazz, blues, folk, clásica, flamenco…etc. Varias orquestas y big band se sucedían en los escenarios más ocultos del festival. A uno se accedía por caminos de madera que se perdían en el bosque, otro subiendo en un teleférico rapidísimo que tardaba 20 minutos en subir la montaña más alta de la zona, u otro andando hasta la otra punta del festival donde se podía disfrutar de música cubana y probar un mojito de sabor poco recomendable.


Por la tarde un poco de Kula Shaker, rock psicodélico con especias hindúes, liderado por una especie de Rod Stewart moderno. Por la noche, en especial en el segundo día, podían recordar viejas glorias con el country de John Fogerty o el glam rock de Roxy Music. Oportunidades únicas para ver en el escenario más grande a bandas que llevan décadas sonando en las radios de todo el mundo.

Tanabata


Una leyenda china, adaptada a las tradiciones japonesas desde la era Heian, cuenta el romance entre Orihime y Hikoboshi en el espacio exterior. La vía lactea es el río que separa a estos dos amantes, por lo que solamente pueden verse una vez al año, concretamente el séptimo día del séptimo mes lunar en el calendario lunisolar.

Los montes del Fuji Rock encontraron el amor en la música, las personas, su pasión por el arte sonoro y su responsabilidad ante el cuidado de la naturaleza. Una historia de amor que solamente se sucede una vez al año, a la que asisten las bandas y solistas que más pasiones levantan, como es el caso de Muse, o las actuaciones más exclusivas para pocos afortunados, como las que ofrece el dream team de Atoms for Peace.

La inmensa frondosidad natural se mezcla con la musical. A pesar de que los horarios están delicadamente tallados para evitar el mayor número de solapamientos posible, resulta en ocasiones frustrante tener que sacrificar alguna que otra actuación. El Fuji Rock es un festival para repetir. Los japoneses que lo visitan una vez lo marcan en su calendario como fecha obligada para los próximos años, y el público y artistas extranjeros terminan repitiendo a pesar de la lejanía.

Un lugar de ensueño, una escapada de verano, una escalada a las cimas de la música. El Fuji Rock te abstrae y no te suelta hasta que decides decir adiós. Pero el que visita este festival siempre formará parte de él.











ATOMS FOR PEACE – SKIP DIVIDED

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