De Tal Padre, Tal Hijo [CRÍTICA]

“Ahora lo entiendo”

Ryota pronuncia estas palabras cuando descubre que su hijo de seis años fue cambiado por otro el día de su nacimiento en un drama japonés que ahonda en la figura paternal.

El cine japonés suele darnos un paseo por los terrenos más fríos hasta que damos con el calor humano. Así empieza De Tal Padre, Tal Hijo, con esa tonalidad azul, silenciosa y tranquila hasta que la familia del pequeño Keita recibe una llamada del hospital que les cambiará la vida para siempre.

Cada personaje de esta película está cuidado con amor y destaca la gran expresividad de los niños en una película que enfoca los pequeños detalles y aguanta largos planos. La estricta disciplina de la familia ‘equivocada’ de Keita choca con la humildad y desenfado de la familia de sus verdaderos padres. Es entonces cuando Ryota decide asumir la responsabilidad de llegar a una decisión final sobre este difícil asunto, condicionado por su mujer, sus padres, su verdadero hijo y los padres al que asignaron equivocadamente.

Durante dos horas de metraje convivimos un año con ambas familias, las reacciones de los niños, los sentimientos rotos, las crisis, las bromas, las decisiones difíciles y los momentos incómodos. Es inevitable mirar al horizonte del film con el deseo de conocer el final, pero durante ese duro camino el director de AirDoll, Hirokazu Kore-Eda, hace de esta experiencia una historia real con la que es inevitable empatizar.

Destaca el trabajo de Machico Ono, protagonista en la película El Bosque Del Luto, pero también hay otras caras conocidas como la de Jun Kunimura por sus películas con Takeshi Kitano.

La película se estrenará en nuestro país el viernes 22 de noviembre.

Dolls [2002]


Define cine romántico

Con Dolls, el director nipón Takeshi Kitano alcanza los extremos del romanticismo entrelazando tres historias sobre la resistencia del amor ante el paso del tiempo y las grietas del dolor. Una inyección muy fuerte de sensibilidad con una estética muy atractiva propia del cine asiático.

El castillo de Takeshi (conocido en España como Humor Amarillo) es posiblemente lo más conocido en nuestro país de este brillante actor y sobre todo director. El director nacido en Tokio disfruta moldeando el cine negro y convirtiendo a sus personajes de sangre fría en criaturas emocionales que muestran su lado cariñoso y humano, como se puede apreciar en Sonatina (1993). Kitano suele protagonizar sus películas, siendo él esa bestia que quebranta los huesos y llenando de plomo a Yakuza, siendo él también un gángster. Sin embargo en Dolls, Kitano desaparece del guión para escribir y dirigir tres historias de amor diferentes que en ciertas partes de la cinta se entrelazan.

La historia principal, por ser la primera que sale y la que más minutos ocupa, es una dramática historia sobre un amor que resulta gravemente dañado por las ambiciones de éxito del chico, que decide olvidar al amor de su vida y casarse con otra persona. La intensidad sentimental continúa con la inclusión de las otras dos historias: un fan acérrimo de una cantante pop y un pez gordo de un clan Yakuza que busca aquel amor que de joven rechazó por resultar ser un peso en su carrera profesional.

La estética de Dolls es sobrecogedora. Cada color y paisaje contiene un mensaje que enlaza con la historia que Kitano muestra con un nivel de dirección y fotografía que hacen de este apartado uno de los más atractivos para disfrutar en el film. El cineasta dibuja con naturalidad y colorismo en el género de aventuras, comprendido este como las historias que llevan a los personajes a viajar, vivir, aprender, errar, levantarse y conocer. El equipo de actores acompaña al japonés en este viaje, interpretando de manera sublime los mensajes de dolor, cariño, pena o pasión que Kitano busca plasmar en la pantalla.

El responsable de la banda sonora es el prestigioso Joe Hisaishi, compositor de más de 100 películas en las que se incluyen sus trabajos con el Studio Ghibli como son Mi Vecino Totoro o El viaje de Chihiro. Trabaja con Takeshi Kitano desde principios de los 90 y una vez más lo borda con su trabajo en Dolls, con texturas que saltan desde la calma y ternura del piano hasta la intensidad percusiva.

El ritmo de la película es lento pero no pesado. Saborea cada pequeño detalle, sin que ello signifique exacerbar la agonía de los personajes demasiado o alargar un sentimiento de optimismo. Dolls es un dulce para los ojos que no empalaga, sino que engancha hasta el punto que queramos más a medida que nos encariñamos con las historias y sus personajes.

Esta obra es un más-vale-haber-amado-y-perdido-que-nunca-haber-amado, un romanticismo extremado. Kitano compone con Dolls un brillante réquiem del amor autentico y profundo. Bravo Takeshi.

//www.youtube.com/get_player