Tokio Blues: Norwegian Wood

La nostalgia de los 20 años a la nipona

No es que cuenta sino como lo cuenta. Con Tokio Blues: Norwegian Wood El escritor japonés Haruki Murakami se introduce en la primera persona de un chico para vivir sus experiencias amorosas, sexuales y los varapalos de la vida. Algo muy simple pero contado con una naturalidad que sorprende.

Toru Watanabe es el protagonista de esta historia, quien narra como dio de si su vida desde el momento que alcanzó la mayoría de edad. Este chico sufre y disfruta en unas páginas rodeadas de referencias musicales de la época y la dificultad de rellenar un puzzle de su vida que ve incompleto. Las piezas que va encontrando para salir adelante con su drama interno tienen forma de chicas que le adoran, amigos que le corrompen y un mundo y acontecimientos tan intensos que tendrá que demostrar toda su madurez y templanza para no caer en la desesperación. Cada tarde que el protagonista destaca de aquellos años maravillosos son aventureros, diferentes y excitantes; tanto que nos hace querer saber más, no de que pasará, sino de cómo pasará y como todos reaccionarán.

Este best-seller internacional nipón tiene algo que la hace ser universal. Lo primero es que sin quererlo apenas, muestra una postal clara y curiosa de lo que era (y es, en algunos casos) Japón en los 70 y el mundo que rodeaba a los jóvenes como los protagonistas de Tokio Blues. La segunda es su carácter mundano que hace que el amor o el sexo sean igual en Tokio, New York o Madrid, ya que las inseguridades, miedos, reacciones y pasiones no parecen ser muy distantes de nuestras culturas a pesar de la lejanía del país. Murakami se pasea por los escenarios que el mismo construye de manera tan cómoda que parece que ya estaban allí y el se limita a describir. Lo mismo pasa con los diálogos, ya que la manera de responder y actuar de los que viven esta historia, sea predecible o no, da la impresión de una gran naturalidad, inocencia y honestidad.

Destacan las varias escenas eróticas que llenas las páginas de este libro publicado el 1987 en Japón. Lejos convertirse en la atracción morbosa para atraer a aquellos que necesitan una chispa para arrancarse a leer un libro oriental, las palabras que pega el autor a la hora de describir estas escenas hacen primar los pequeños detalles, la belleza, la dificultad, el drama y el jadeante deseo erótico que alcanzan los inexpertos amantes de la obra.

Ojalá Fuera Cierto (2000)


Nadie entiende lo nuestro

Una novela que entretiene y cuenta una metáfora sobre la exclusividad y privacidad de una relación amorosa, la cual solo la entienden los que la fundan. La primera obra de Marc Levy, lo cual se nota por el destacado género de opinión y didáctica en el libro.

Arthur es un joven arquitecto que se muda a una casa de San Francisco, donde al poco de instalarse se encuentra con el fantasma de la anterior inquilina, Lauren. El es el único que puede oírla e incluso tocarla, por lo que tras ponerle al día, la chica que tuviera un serio accidente de coche trazaría un fuerte vínculo con el chico. Arthur decide creerla y ayudar a que su cuerpo, sumido en un coma profundo, no sea llevado a la eutanasia. Para esta misión imposible cuenta con su mejor amigo Paul y es entonces cuando la historia se concierte en una simpática misión de rescate en el nombre del amor.

El novelista galo peca de orador en algunas fases del libro, donde presta su visión de la vida y el amor por medio de sus personajes, desviándose ciertamente del argumento y cambiando de género bruscamente. Esto es posiblemente debido a que dado que es su primera obra publicada, el autor necesitaba apagar la sed de expresar sus ideas y sentimientos de la manera más inmediata.

No por ello deja de ser una historia entrañable a la par que complicada para sus protagonistas, que defienden al amor como el objeto que más atención merece en la línea temporal de nuestras vidas. Afortunadamente la portada de la edición española, de las más horribles y vergonzosas jamás vistas, no se asemeja con lo que guarda en el interior.

La historia llegó a Hollywood en el 2005 por medio del director Mark Waters, con Mark Ruffalo y Reese Witherspoon.