Quicken The Heart [Maxïmo Park]

Jóvenes estimuladores de sentimientos



Los jóvenes y energéticos emblemas del indie-rock vuelven con otro acelerador de los buenos. La velocidad sin control es un problema, pero estos chicos demuestran con su tercer disco que son muy buenos al volante. Tom English lo borda con su trabajo excelente tras la batería, pero el teclista Lukas Wooller pierde influencia en los temas. Pónganse el cinturón antes de empezar.



Sin que apenas me de cuenta, paso de la primera canción a la tercera, esa fase clave para un disco, habiendo pasado por sacudidas como Wraithlike. Con The Penultimate Clinch ya tengo la primera favorita del disco, quinta marcha y puro indy rock. Y con The Kids Are Sick Again como canción que gana con sus escuchas a pesar de no ser sobresaliente, ya tenía el tridente perfecto para abrir las puertas de un nuevo disco que grabaron en Los Angeles con Nick Launay, productor de grupos como Yeah Yeah Yeahs, Supergrass o Nick Cave.



Pero no se queda todo en su fachada. A Cloud Of Mystery es vivaz, pasional, melódica… y donde cada uno de los cinco miembros colabora de manera sonada, en tres palabras, se hacen notar. Aunque las altas velocidades no paran durante todo el disco, y durante las primeras escuchas resulta difícil no perderse entre tanto cambio de acorde y batería, con Calm, Maxïmo Park se toma el único descanso del álbum, pero al final todo termina como les gusta a ellos, con una fuerza y sensibilidad que demuestra que no solo hacen su música para entretener.

In Another World (You Would’ve Found Yourself By Now) entra machacando con guitarra, bajo y batería y mantiene ese ritmo a fondo durante una canción que no te deja quieto. Es otro estandarte del Quicken The Heart, atentos a cada uno de los sonidos. Let’s Get Clinical arranca con un ritmo parecido a Girls Who Play Guitars pero con ese nuevo sonido de Maxïmo Park de efectos temblorosos de guitarra, sonidos de teclado del espacio sideral de los ochenta y ritmos en zigzag que aceleran más aún los versos que pronuncia Paul Smith.

Atractiva, ambiciosa, con una producción exquisita. Así se adapta Roller Disco Dreams al nuevo álbum. Una vez más la banda llega a un nivel de compenetración que cuelgan otro tema para tener muy en cuenta en su lista de canciones. Con ella y Tanned vuelven esos sonidos del espacio sideral que ya caracterizan a este disco (quizás sea la razón de la portada donde parecen mostrar una especie mapa de constelaciones).

Aunque su tercer LP recuerda más a su primer gran trabajo, A Certain Trigger, también esconde la herencia del Our Earthly Pleasures, donde abundaba más un sonido limpio en su interior y de balada melódica. En Questing, Not Coasting se puede ver con claridad, con un estribillo muy sentimental y unos versos propios de un escultor de la lírica como Paul Smith, “You move your fram into the shape, the window makes a lunar flame”.

Toda banda o artista que se precie tiene que pasar la experiencia de grabar un álbum es Estados Unidos. Y durante esta grabación la inspiración de un país tan inmenso y en parte diferente a Europa se ve reflejada en su música. Overland, West Of Suez suena a música sureña americana reivindicativa, a los primeros blues que se incubaban en una granja y que se cantaban por todo el país.

Un buen disco necesita un buen cierre. I Haven’t Seen Her In Ages es la canción romántica y melancólica que Paul Smith está acostumbrado a escribir y reproducir, “It’s late and I Miss you mostly…But the body ges confused […] I would put my arms around at the kitchen sink, I would hola on until you Stara to dream”.



En cuanto al DVD que acompaña a la edición especial he de decir que es imprescindible para aquellos que quieran disfrutar de su furia y perfección en vivo, y de un montaje magnífico que incluso tiene que envidiar a su excelente Found On Film. Monument, así se llama el DVD extra, es un documental compuesto de actuaciones en vivo, entrevistas y el día a día de la banda.

Salvados por el artista

El pasado fin de semana se celebró el festival Estrella Levante SOS 4.8 en el que PJ Harvey y John Parish hicieron su única aparición en España. Hasta ahí bien, pero entonces llegó la organización de un festival joven y lo complicó todo.



Para acudir a este festival te tenías que comprar tu entrada, como en cualquier otro, pero ¡sorpresa!, eso no te garantizaba poder ver ni a PJ Harvey ni a The Matthew Herbert Big Band, que eran los únicos que actuaban en el auditorio del recinto. Para notificarnos este hecho la organización del festival colgó un post en su blog, que ni siquiera en la página de inicio de su web, donde informaban que para acceder al auditorio era necesario escribir un mail con tus datos personales y código de la entrada. Había 800 invitaciones que se agotaron en apenas unas horas, así que para la organización misión cumplida y se evitaban colas a la entrada del auditorio, ¿pero que pasó con el resto de los 40.000 asistentes que no se enteraron de nada porque simplemente compraron su entrada en algún establecimiento, página web o que no les dio por meterse en el blog de la web y leerse todas las entradas hasta encontrar el tesoro oculto?



La organización garantizó que pondrían las ‘sobras’ en taquilla, y a las 14:00 horas del primer día del festival abrirían las ventanillas para ofrecer las entradas del auditorio a los que hicieran cola. Miles de personas lo intentaron, muchos plantados en la cola desde primera hora de la mañana, pero la mayoría se quedó fuera. A eso de las 17:00 horas ya se había acabado toda esperanza…



En mi caso, cuando iba de camino al festival para situarme en la fila, tuve la suerte de perder un autobús y confundirme de parada para encontrarme con John Parish, hombre encantador donde los haya, quien me dijo que nos pondría a mi y a mi acompañante en la lista de invitados en caso de que no consiguiéramos entrada en el auditorio. Y así fue, estábamos invitados al concierto de PJ y John por cortesía del propio Parish.



Pues no, de repente te topas con el muro de una plantilla de trabajadores poco cualificados para colaborar que dice que no ha recibido ninguna lista de invitados y que vayas a molestar al artista que te ha invitado que ese no es su trabajo (y eso lo decía un persona que estaba en un mostrador que ponía ‘Invitaciones’). Tras pasarse la patata caliente de uno a otro, marearme de un departamento a otro y de un responsable a otro, me dejaron subir al auditorio para ver si podía hablar con Parish, mi última esperanza.



Después de disfrutar de su perfeccionista prueba de sonido, como un voyeur de la música, junto a la entrada del auditorio, conseguí hablar con John a hora y media antes de la actuación. Él habló con su manager, quien le dio las invitaciones a su ayudante (que trabajaba para el SOS, gracias Nuria) y fin de la pesadilla.



La organización del SOS no hizo caso de la ‘llamada de socorro’, y respondían con hostilidad y una muy mala educación: “ni sabemos nada del asunto ni lo vamos a saber, vaya plasta que nos estás dando”; o cuando me quedé sin batería en el móvil: “no te pienso dejar mi teléfono para llamar a Nuria (compañera suya, y ayudante del manager de PJ Harvey) porque lo tengo que utilizar todo el rato, búscate la vida, no podemos hacer más por ti”. Frente al mostrador de invitaciones y prensa se sucedían periodistas, amigos de artistas, e incluso técnicos de sonido que eran recibidos con actitud de defensa, desconfianza y pocos modales, “mira la periodista esta, que se me ha ido toda rebotada”.



Espero que para el año que viene tengan el cuenta el quebradero de cabeza que ha supuesto para todo el mundo el tema del auditorio porque el festival estuvo muy bien: cartel, recinto, precio, diversidad de actividades, compromiso con el medio ambiente…etc.



Del concierto de Harvey y Parish solo puedo decir que tocaron las canciones de su nuevo disco de una manera tan soberbia y curtida que parece que llevan décadas ofreciéndolas en directo. La voz de Harvey y el arco iris de guitarras de Parish, sumado a una banda sobresaliente, dan como resultado un concierto que puso en pié a la sala en varias ocasiones.



Antes de concluir, ya sabéis que suelo hablar del público en un concierto. Con PJ Harvey fue una entrega absoluta, pero si te acercabas a conciertos como el de Maxïmo Park, veías que estaban llenos de gente pero que apenas les importaba más la música que simplemente estar ahí haciendo bulto con los colegas. Y mientras el cantante, Paul Smith, hablaba entre inglés y algo de español para entrar en contacto con su público, se podían oír cosas como “¡habla castellano! ¡gilipollas!”. Fin de los comentarios.

Fotografía: Mezken

A Woman A Man Walked By [P J Harvey & John Parish]



Polly y su sombra

PJ Harvey, acompañada de su viejo amigo y compañero musical John Parish, vuelve con un disco que trae lo mejor de ella, lo definitivo. Un puñetazo en la mesa que recuerda quien es la reina en el reino de divas indie y música sombría. Un disco superlativo hecho en compañía para escucharlo en soledad.

Más de 20 años de amistad y de vínculo musical son los que P J Harvey y John Parish comparten. Hace 13 años que sacaron su primer trabajo que firmaron conjuntamente, Dance Hall at Louse Point. Pero Parish siempre ha estado ahí, en la sombra, observando los movimientos de Harvey, ayudándola a producir sus discos, a encontrar su sonido. No siempre juntos en el estudio pero siempre cogidos de la mano, ahora vuelven con la edición de un disco magnífico que pone los pelos de punta. Brutal simbiosis de guitarras, bajo y batería.

Un CD que abre con una canción como Black Hearted Love ya es un disco a tener en cuenta, que no te deja impasible. Es eléctrico, es un alambre sentimental que te parte en dos, es uno de los mejores temas que Polly Jean Harvey ha hecho últimamente.

Es un pez en el agua con la música que hace. Con Sixteen, Fifteen, Fourteen saca un tema juguetón, pillo y folclore. Se deja caer en la oscuridad infinita con Leaving California, donde mama de su sonido sombrío, fruto del bosque entre nieblas que PJ visita para hacer sus canciones. Un bosque donde los sentimientos son tan profundos que queman, duelen como heridas internas. The Chair es un llanto, el preocupante aullido de una mujer que ha perdido a su hijo.

En la oda al mes de abril, April, Harvey vuelve a demostrar su amplio registro de voces, pasando de una voz vieja y demacrada a un canto de pena y nostalgia. Pero este no es un álbum 100% lagrimas y rendiciones. Polly se levanta con rabia en A Woman A Man Walked By/The Crow Knows Where All The Little Children Go. Su voz parece estar plagada de fantasmas, de rabia contenida. Soberbio y de escucha necesaria.

The Soldier el dolor ajeno. Una pequeña guitarra, un tímido piano, y la voz de PJ, dolorida como el cuerpo y la mente de un soldado al que nadie apenas le importa.

Con Pig Will Not, Harvey se pega una gran pataleta y canta una vez más con rabia, resignación, gritos que rompen las ganancias, e incluso ladridos.

Passionless, Pointless es un paseo nocturno por las calles de Stories From The City, Stories From The Sea, disco con el que PJ Harvey cosechó el mayor éxito. Es preciosa, dulce, también algo sombría para no desentonar con el álbum, delicada y sensible. Son las últimas lágrimas de un llanto por la pasión. Otra maravilla más para escuchar alto, a oscuras mientras que ves como todo pasa a cámara lenta. Esta canción es una de las mejores experiencias del disco.

Cracks In The Canvas recuerda a Is That All There Is? del Dance Hall…, por ser un relato hablado sigilosamente acompañado por una música tranquila y pacífica.

PJ Harvey vuelve con todo. Con su sombra, su rabia, su pasión, su voz múltiple, y con unas canciones que parece imposible olvidar.


Scream [Chris Cornell]

Valiente hijo del grunge



El ex cantante de Soundgarden, Temple of the Dog y Audioslave, se atreve en su tercer disco en solitario a dar un giro violento dirigido al pop, soul y electrónica. Una voz que se pasó el mayor tiempo de su carrera posada en el grunge y hard rock se apasiona cada vez más de las voces negras. Y encima no se le da mal.



Todo en principio parece una broma. El truco está en saber coger el chiste y todo se vuelve adictivo como una droga dura. Para darle una escucha a Scream es bueno ir con esa mentalidad, sobre todo porque la primera fase del álbum es quizás la más radical. Tras una introducción típica de los discos de hip-hop (con una voz robótica que presenta a Chris Cornell) llega Part Of Me, una mezcla entre soul y tecktonik. “That bitch ain’t part of me”…¿Qué hace un padre casado cantando estas cosas cuando ya nos tenía acostumbrado a canciones de amor y paz?. No se asusten aún. Con un soberbio, guitarrero y bordado link entre esta canción y la siguiente, Time, la voz de Cornell pasa por un ritmo reaggetonero, vacilón y gracioso. Sweet Revenge hace que te venga a la cabeza la imagen del video típico de MTV con chicas moviendo el culo a velocidad vertiginosa rodeadas de coches caros. Get Up, más techno-beat-voice.



Entonces cuando llegamos a Ground Zero la cosa se hace más digestiva. Una canción original que podría sonar perfectamente con un grupo de guitarras y batería pero Cornell la transforma junto a Timbaland (productor experto en dar vueltas de tortilla) en un tema donde la voz del americano adquiere un sentido que ahora es más fácil de entender y asimilar. De manera sideral, y siguiendo con las ‘intros’ y ‘outros’ que unen todas las canciones del disco para convertir a Scream en una unidad, Never Far Away regala una canción agradable y perfecta para la nueva voz de Cornell pese a sonidos electrónicos nunca vistos en una canción de este músico. Aún así no deja de ser comercial, igual que Take Me Alive, de sonidos y patrones asiáticos, algo muy típico en las canciones pop de cualquier ‘cantantuflo’ al que le hayan dado licencia para grabar un disco. Una canción que supone poco más que la barrera que separa la mitad del disco.



Long Gone es bonita. Es una canción de una noche playera junto a la hoguera. Un suave balada reaggea-pop que enamora con la voz del señor Cornell. Pero estas canciones cansan rápido. Aún así seguimos con otra balada, Scream, que parece sacada de un disco de Justin Timberlake pero salvada una vez más por la voz del (aún) roquero. El video de este tema lo hemos visto mil veces con artistas de pop y soul, cómodamente predecible. Enemy es otra de esas canciones que en su base es tan buena que aunque no esté rodeada de electrónica verás que su melodía, estructura y la voz se revuelve perfectamente con este tipo de producción. Una de las mejores.



Other Side Of The Town tiene su genialidad en el ritmo, la batería, en lo asquerosamente adictiva que es. Y eso que, una vez más, ya hemos oído este sonido antes en la mayoría de los videos de la MTV. Para cuado llego a Climbing Up The Walls ya he decidido dar una segunda oportunidad al disco, una vez más por su ritmo, la belleza que aporta la voz de Cornell y el que sea una de las que menos alejadas están de a lo que estamos acostumbrados de este artista.



Aunque el broche final, Watch Out, me hizo pensarme esa segunda oportunidad, se la di. Si has llegado a este tema y piensas en darle otra escucha, dásela, porque puede que descubras un buen disco entre tanta broma electrónica, rapera y de Chris Cornell como Michael Jackson a la inversa.



Y aquí estoy, con Chris Cornell, hablando de un disco muy arriesgado pero necesario, ya que desde hace tiempo él quería explorar este tipo de música. Era vital un cambio para este hombre, porque repetir la formula de ‘leyenda del rock retirada’, etiqueta que se auto imponía en su anterior disco, Carry On, sería un error. Otro disco de 15 canciones, en su mayoría baladas de roquero adulto, habría llevado a Cornell a la desesperación y los que le escuchamos al aburrimiento. Scream llama la atención, por su cambio agresivo, por su ritmo, o por que lo canta una de las voces más carismáticas del rock. Así que tranquilos, que Chris Cornell no abandona el rock, ya que sigue tocando temas de sus anteriores bandas y canciones, y visitando festivales de rock.



Tras infiltrarse en el mundo del techno-soul y hacerlo mejor que la mayoría, ¿cuál será su siguiente paso?



Chris Cornell – Part of Me

STARSAILOR – All The Plans [RESEÑA]

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Maduros y fieles a su notable sonido
Tras cuatro años de sequía discográfica, los ingleses vuelven con un maduro All The Plans, un disco para toda la familia, tranquilo pero intenso, y una vez más con una lírica que quita el aliento. Hay sorpresas, aunque pocas, pero a los que disfrutan con el indie-rock y el sonido de Starsailor tienen aquí un álbum muy a tener en cuenta.
Now the lights out…. Para cuando mis oídos llegan al estribillo de Tell Me It’s Not Over, entiendo que este es un disco de producción escrupulosa. El tema que abre el disco, es también el primer single de esta nueva era Starsailor. No rezuma de originalidad: acordes pegadizos de piano, una batería intensa, una canción de amor… hemos oído esto antes. Pero su belleza y contundencia en el estribillo hace que gane con cada escucha y sea uno de los estandartes del álbum.
A Starsailor se les conoce mucho por su carácter nostálgico, pero canciones como Boy In Waiting demuestran que la música que hacen es positiva, como una historia triste con una moraleja de esperanza. Es una canción soleada, sonriente y agradecida. La sigue una de las grandes sorpresas del disco, The Thames, un pedazo de tema en la que James Walsh canta con firmeza y confianza, acompañado de unas guitarras eléctricas y acústicas que hacen que la canción adquiera una chulería que solo ella se merece, con un estilo mezcla entre un western y una película de Tarantino. Buen experimento y resultado. Is love… just a big mistake?
La canción All The Plans, que da nombre al disco, es la más adulta, aburrida y serena del disco al mismo tiempo. Aunque resulte monótona, sí que consiguen transmitir esa sensación de que el grupo se ha asentado y cada vez se acerca más a un público más maduro. Quizás sea porque el veterano Ronnie Wood de los Rolling Stones colabora en este tema con su guitarra…
Neon Sky, o como sonarían The Verve si los componentes de la banda fueran Starsailor, es una espiral de sonidos delicados, sinfónicos y románticos. 3000 miles from home, my fragile heart was on the run. La lírica cruda y excepcional persiste en You Never Get What You Deserve: Fallen angel, upon the ground, and they filled you all up with drugs, then one day you just gave it up. Una vez más los ingleses apuestan por una canción nostálgica con un resquicio de esperanza en la música. El final de este tema es para escucharlo, absolutamente liberador. Así es como se deja brillar Starsailor.
El paradigma de canción perfecta de Starsailor es Hurts Too Much. Preciosa, dolida, pegadiza; donde la guitarra acústica y el piano vuelven a decir: que a gusto se está en este grupo. Ya nos adelantó James Walsh este tema hace pocos meses, que gana en estudio.
Rock & Roll. Puro, aunque no duro. Stars and Stripes es eso: letra política, voz de intensidad creciente, y una música que te prohíbe estarte quieto en cada minuto. Una de las mejores y ojalá un futuro single.
Con Change My Mind los hombres (que ya no chavales) de Starsailor se bajan del toro del rock y vuelven a ser unos padres y maridos responsables (que yo sepa la mayoría están casados y con hijos). Es una canción agradable, tranquila, que ni llama en exceso la atención ni cansa escucharla. Es la que quizás más pasa desapercibida del álbum pero la que ayuda a que el disco tenga ese carácter de madurez, calma y tranquilidad.
Pero que no cunda el pánico que Starsailor aún tiene un espíritu joven. Y este recae en Listen Up, una movidita y muy rítmica, uno de los pocos resquicios que quedan del anterior álbum, el más roquero, On The Outside.
Para cerrar un álbum, Starsailor son expertos. Safe At Home es profundamente alentadora. Es una nana tras la derrota, una pieza maestra.
Con All The Plans, los componentes de Starsailor se confirman como una banda de alto nivel, comprometida con su trabajo y contenta con lo que hace. Cómodos en esta tónica, es muy seguro que sigan por este camino durante los próximos años.
No quiero pasar por alto el CD que viene con la edición de lujo. Solo diré que una de las cosas que diferencia a unos buenos músicos de unos mediocres es que los buenos pueden hacer unas fabulosas versiones acústicas de sus canciones, dotándolas de otros matices, y los mediocres simplemente hacen que suene menos ruidosa y elaborada. Starsailor en general y James Walsh en particular son maestros en reinventar sus canciones. Además de 6 versiones acústicas de canciones del All The Plans, incluye un tema inédito: Merry Go Round.

James Walsh habla para ‘MMM’



El cantante y compositor del grupo británico Starsailor respondió ayer algunas preguntas para Million Miles Of Music sobre su último trabajo, el grupo y los planes que tienen, durante una sesión de chat en www.gigwise.com.


“Es nuestro trabajo más maduro”. Así describe Walsh su último trabajo, All The Plans, que llegó a nuestras tiendas esta semana. “Mi tema favorito es Boy In Waiting porque a pesar de que el resto de las canciones necesitaron un mayor tiempo de elaboración, esta llegó como si ya estuviera hecha”, desveló el compositor.

De cara a los próximos meses adelantó que planean un tour europeo entre finales de verano y principios de otoño. Aunque no reveló las ciudades que entrarán aún en la lista, si nos contó que para esta gira darán más preferencia en su setlist a los temas de su primer disco, Love Is Here, además de promocionar su último disco.


A pesar de haber experimentado algunas subidas y bajadas dentro de la banda, Walsh sigue muy entusiasmado con Starsailor, y destacó que “¡lo mejor de estar en un grupo es ver el mundo gratis!”.


En cuanto a la fotografía del nuevo álbum, Walsh explicó que el chico de la portada refleja los sueños de alguien joven que quiere ser una estrella del rock o un astronauta mientras mira a las personas que tiene en frente suya y se los imagina como sus admiradores. En cuanto a la foto de una mujer rubia que podemos encontrar al abrir el álbum, el encargado de escribir las letras de Starsailor nos contó que su mirada expresa todo lo que cuenta la canción Tell Me It’s Not Over.


De cara al futuro lejano, James Walsh aclaró que el sigue escribiendo canciones durante las giras, “algo que resta mucha presión a la hora de hacer una canción porque no hay fecha por el momento para un siguiente álbum”, confesó la voz de Starsailor.

The Empyrean [John Frusciante]



El Frusciante más experimental



El prolífico guitarra de los Red Hot Chili Peppers vuelve en solitario con The Empyrean, donde exprime al máximo sus cualidades como productor, buscando nuevos sonidos y tendencias sin dejar atrás su sello de identidad. Lo nunca antes escuchado de John Frusciante.


Diez discos en solitario es una cifra que pocos guitarristas pueden alcanzar, más aún cuando se trata del guitarra y principal cabeza compositora de los Chili Peppers, con todas las giras que ello conlleva. Pero su carácter prolífico no tiene tanto mérito como que cada uno de estos diez trabajos aporta algo nuevo, innovador, diferente y sobre todo de una gran calidad en cada uno de sus temas.


Diez también es el número de canciones que enlazan su último CD. Frusciante presenta su retorno con la instrumental Before The Beginning, que ya augura un sonido delicado y que busca explorar en el oído del que lo escucha. Por mucho que utilice la distorsión o su grito sea muy fuerte, mantiene un nivel de calma que aleja la sensación de desasosiego en todo el disco, de manera que guste a aquellos que detestan el exceso ruido roquero y buscan la parte preciosista y melódica del rock moderno. Para continuar con su particular caricia musical, la voz de Frusciante aparece en Song to the Siren, una versión de Tim Buckley en la que el músico neoyorquino ha querido hacer más énfasis en los sonidos de fondo que en la propia voz, a pesar de que este tema invita más a una mayor explotación vocal.


Unreachable es sin duda uno de los referentes de este disco. Esta canción resume la evolución del compositor hasta la fecha, reúne a sus mejores amigos y colaboradores (Josh Klinghoffer y Flea, que ya aparecieran en sus anteriores trabajos) y explota todas las ideas que ha querido poner en este disco. Otra de las características comunes que recogen muchas de las canciones de este álbum son sus amplios finales que nos hacen quitarnos el sombrero durante su desenlace por su producción, melodía, técnica y lírica. God recuerda por sus cambios de acorde con teclado, percusión y violines a las más recientes composiciones de Radiohead, una de las más fuertes y admiradas influencias de Frusciante. Una de las más completas, que cuenta con el lujo de contar también con Kinghoffer y Flea.


John Frusciante abre su persona y alma en este disco como nunca ha hecho antes. Las dudas, miedos, soledades, perdidas… The Empyrean es un libro abierto, y Dark/Light es un tema partido en dos que así lo demuestra. De profunda balada a piano a una rítmica canción electrónica, divertida y amenizada con un coro gospel que nos regala varios minutos de Frusciante tocando el bajo al final del tema que no tiene ningún desperdicio, altamente adictivo.


Si echamos una mirada hacia el pasado musical de Frusciante encontramos a una mujer, actriz y cantante, llamada Kristen Vigard, con la que realizó la canción Slave To My Emotions a finales de los 80. Pues la manera de cantar los versos de esta canción recuerda a la técnica utilizada por John en canciones como Heaven. Es una voz de vocales inquietas, que suben y bajan de tonos graves a agudos y viceversa. Esta es otra muestra de que todo lo que absorbe/inventa Frusciante lo proyecta en su trabajo actual. Enough of Me es otro dulce en la caja de The Empyrean, donde una vez más el músico transmite su preocupación por el mañana, el futuro y el curso de todo aquello que transcurre en la vida. Una de las más optimistas.


Los siete minutos que dura el octavo tema, Central, sacan a relucir entre estribillo y el extenso final la fuerza que caracteriza al guitarrista y cantante americano. Un espectáculo de su voz, sus guitarras y su interminable talento. A punto de caer en el final del álbum, nos regala otra de sus piezas más personales con One More Of Me, donde experimenta con una voz muy grave, violines, teclado y una vez más (como si se tratase de la segunda parte de Enought of Me) una manera de cantar en el estribillo que recuerda a la Kristen Vigard que colaboró con el hace tiempo. El drama y la belleza se cogen de la mano en este penúltimo tema.


El último suspiro aparece con After The Ending, con una voz tratada editada como si viniera de otra dimensión, quizás de esa 4ª dimensión de la que John Frusciante habla en ocasiones para referirse al lugar donde solo la energía existe. El teclado se convierte en órgano, la voz se convierte en susurro, un piano enternece el final y el disco se termina con un simple y seco golpe de caja.


Una apuesta arriesgada y muy personal en la que el artista busca explorar en su interior. Con 38 años, John Frusciante nos demuestra en cada disco que está en la flor de su carrera. Con The Empyrean, John es un niño que busca aprender, experimentar y probar. Con este disco, Frusciante da a los demás el fruto de su ‘Yo’ como persona y como músico a la máxima potencia.

http://www.myspace.com/johnfrusciantemusic