Scream [Chris Cornell]

Valiente hijo del grunge



El ex cantante de Soundgarden, Temple of the Dog y Audioslave, se atreve en su tercer disco en solitario a dar un giro violento dirigido al pop, soul y electrónica. Una voz que se pasó el mayor tiempo de su carrera posada en el grunge y hard rock se apasiona cada vez más de las voces negras. Y encima no se le da mal.



Todo en principio parece una broma. El truco está en saber coger el chiste y todo se vuelve adictivo como una droga dura. Para darle una escucha a Scream es bueno ir con esa mentalidad, sobre todo porque la primera fase del álbum es quizás la más radical. Tras una introducción típica de los discos de hip-hop (con una voz robótica que presenta a Chris Cornell) llega Part Of Me, una mezcla entre soul y tecktonik. “That bitch ain’t part of me”…¿Qué hace un padre casado cantando estas cosas cuando ya nos tenía acostumbrado a canciones de amor y paz?. No se asusten aún. Con un soberbio, guitarrero y bordado link entre esta canción y la siguiente, Time, la voz de Cornell pasa por un ritmo reaggetonero, vacilón y gracioso. Sweet Revenge hace que te venga a la cabeza la imagen del video típico de MTV con chicas moviendo el culo a velocidad vertiginosa rodeadas de coches caros. Get Up, más techno-beat-voice.



Entonces cuando llegamos a Ground Zero la cosa se hace más digestiva. Una canción original que podría sonar perfectamente con un grupo de guitarras y batería pero Cornell la transforma junto a Timbaland (productor experto en dar vueltas de tortilla) en un tema donde la voz del americano adquiere un sentido que ahora es más fácil de entender y asimilar. De manera sideral, y siguiendo con las ‘intros’ y ‘outros’ que unen todas las canciones del disco para convertir a Scream en una unidad, Never Far Away regala una canción agradable y perfecta para la nueva voz de Cornell pese a sonidos electrónicos nunca vistos en una canción de este músico. Aún así no deja de ser comercial, igual que Take Me Alive, de sonidos y patrones asiáticos, algo muy típico en las canciones pop de cualquier ‘cantantuflo’ al que le hayan dado licencia para grabar un disco. Una canción que supone poco más que la barrera que separa la mitad del disco.



Long Gone es bonita. Es una canción de una noche playera junto a la hoguera. Un suave balada reaggea-pop que enamora con la voz del señor Cornell. Pero estas canciones cansan rápido. Aún así seguimos con otra balada, Scream, que parece sacada de un disco de Justin Timberlake pero salvada una vez más por la voz del (aún) roquero. El video de este tema lo hemos visto mil veces con artistas de pop y soul, cómodamente predecible. Enemy es otra de esas canciones que en su base es tan buena que aunque no esté rodeada de electrónica verás que su melodía, estructura y la voz se revuelve perfectamente con este tipo de producción. Una de las mejores.



Other Side Of The Town tiene su genialidad en el ritmo, la batería, en lo asquerosamente adictiva que es. Y eso que, una vez más, ya hemos oído este sonido antes en la mayoría de los videos de la MTV. Para cuado llego a Climbing Up The Walls ya he decidido dar una segunda oportunidad al disco, una vez más por su ritmo, la belleza que aporta la voz de Cornell y el que sea una de las que menos alejadas están de a lo que estamos acostumbrados de este artista.



Aunque el broche final, Watch Out, me hizo pensarme esa segunda oportunidad, se la di. Si has llegado a este tema y piensas en darle otra escucha, dásela, porque puede que descubras un buen disco entre tanta broma electrónica, rapera y de Chris Cornell como Michael Jackson a la inversa.



Y aquí estoy, con Chris Cornell, hablando de un disco muy arriesgado pero necesario, ya que desde hace tiempo él quería explorar este tipo de música. Era vital un cambio para este hombre, porque repetir la formula de ‘leyenda del rock retirada’, etiqueta que se auto imponía en su anterior disco, Carry On, sería un error. Otro disco de 15 canciones, en su mayoría baladas de roquero adulto, habría llevado a Cornell a la desesperación y los que le escuchamos al aburrimiento. Scream llama la atención, por su cambio agresivo, por su ritmo, o por que lo canta una de las voces más carismáticas del rock. Así que tranquilos, que Chris Cornell no abandona el rock, ya que sigue tocando temas de sus anteriores bandas y canciones, y visitando festivales de rock.



Tras infiltrarse en el mundo del techno-soul y hacerlo mejor que la mayoría, ¿cuál será su siguiente paso?



Chris Cornell – Part of Me

STARSAILOR – All The Plans [RESEÑA]

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Maduros y fieles a su notable sonido
Tras cuatro años de sequía discográfica, los ingleses vuelven con un maduro All The Plans, un disco para toda la familia, tranquilo pero intenso, y una vez más con una lírica que quita el aliento. Hay sorpresas, aunque pocas, pero a los que disfrutan con el indie-rock y el sonido de Starsailor tienen aquí un álbum muy a tener en cuenta.
Now the lights out…. Para cuando mis oídos llegan al estribillo de Tell Me It’s Not Over, entiendo que este es un disco de producción escrupulosa. El tema que abre el disco, es también el primer single de esta nueva era Starsailor. No rezuma de originalidad: acordes pegadizos de piano, una batería intensa, una canción de amor… hemos oído esto antes. Pero su belleza y contundencia en el estribillo hace que gane con cada escucha y sea uno de los estandartes del álbum.
A Starsailor se les conoce mucho por su carácter nostálgico, pero canciones como Boy In Waiting demuestran que la música que hacen es positiva, como una historia triste con una moraleja de esperanza. Es una canción soleada, sonriente y agradecida. La sigue una de las grandes sorpresas del disco, The Thames, un pedazo de tema en la que James Walsh canta con firmeza y confianza, acompañado de unas guitarras eléctricas y acústicas que hacen que la canción adquiera una chulería que solo ella se merece, con un estilo mezcla entre un western y una película de Tarantino. Buen experimento y resultado. Is love… just a big mistake?
La canción All The Plans, que da nombre al disco, es la más adulta, aburrida y serena del disco al mismo tiempo. Aunque resulte monótona, sí que consiguen transmitir esa sensación de que el grupo se ha asentado y cada vez se acerca más a un público más maduro. Quizás sea porque el veterano Ronnie Wood de los Rolling Stones colabora en este tema con su guitarra…
Neon Sky, o como sonarían The Verve si los componentes de la banda fueran Starsailor, es una espiral de sonidos delicados, sinfónicos y románticos. 3000 miles from home, my fragile heart was on the run. La lírica cruda y excepcional persiste en You Never Get What You Deserve: Fallen angel, upon the ground, and they filled you all up with drugs, then one day you just gave it up. Una vez más los ingleses apuestan por una canción nostálgica con un resquicio de esperanza en la música. El final de este tema es para escucharlo, absolutamente liberador. Así es como se deja brillar Starsailor.
El paradigma de canción perfecta de Starsailor es Hurts Too Much. Preciosa, dolida, pegadiza; donde la guitarra acústica y el piano vuelven a decir: que a gusto se está en este grupo. Ya nos adelantó James Walsh este tema hace pocos meses, que gana en estudio.
Rock & Roll. Puro, aunque no duro. Stars and Stripes es eso: letra política, voz de intensidad creciente, y una música que te prohíbe estarte quieto en cada minuto. Una de las mejores y ojalá un futuro single.
Con Change My Mind los hombres (que ya no chavales) de Starsailor se bajan del toro del rock y vuelven a ser unos padres y maridos responsables (que yo sepa la mayoría están casados y con hijos). Es una canción agradable, tranquila, que ni llama en exceso la atención ni cansa escucharla. Es la que quizás más pasa desapercibida del álbum pero la que ayuda a que el disco tenga ese carácter de madurez, calma y tranquilidad.
Pero que no cunda el pánico que Starsailor aún tiene un espíritu joven. Y este recae en Listen Up, una movidita y muy rítmica, uno de los pocos resquicios que quedan del anterior álbum, el más roquero, On The Outside.
Para cerrar un álbum, Starsailor son expertos. Safe At Home es profundamente alentadora. Es una nana tras la derrota, una pieza maestra.
Con All The Plans, los componentes de Starsailor se confirman como una banda de alto nivel, comprometida con su trabajo y contenta con lo que hace. Cómodos en esta tónica, es muy seguro que sigan por este camino durante los próximos años.
No quiero pasar por alto el CD que viene con la edición de lujo. Solo diré que una de las cosas que diferencia a unos buenos músicos de unos mediocres es que los buenos pueden hacer unas fabulosas versiones acústicas de sus canciones, dotándolas de otros matices, y los mediocres simplemente hacen que suene menos ruidosa y elaborada. Starsailor en general y James Walsh en particular son maestros en reinventar sus canciones. Además de 6 versiones acústicas de canciones del All The Plans, incluye un tema inédito: Merry Go Round.

James Walsh habla para ‘MMM’



El cantante y compositor del grupo británico Starsailor respondió ayer algunas preguntas para Million Miles Of Music sobre su último trabajo, el grupo y los planes que tienen, durante una sesión de chat en www.gigwise.com.


“Es nuestro trabajo más maduro”. Así describe Walsh su último trabajo, All The Plans, que llegó a nuestras tiendas esta semana. “Mi tema favorito es Boy In Waiting porque a pesar de que el resto de las canciones necesitaron un mayor tiempo de elaboración, esta llegó como si ya estuviera hecha”, desveló el compositor.

De cara a los próximos meses adelantó que planean un tour europeo entre finales de verano y principios de otoño. Aunque no reveló las ciudades que entrarán aún en la lista, si nos contó que para esta gira darán más preferencia en su setlist a los temas de su primer disco, Love Is Here, además de promocionar su último disco.


A pesar de haber experimentado algunas subidas y bajadas dentro de la banda, Walsh sigue muy entusiasmado con Starsailor, y destacó que “¡lo mejor de estar en un grupo es ver el mundo gratis!”.


En cuanto a la fotografía del nuevo álbum, Walsh explicó que el chico de la portada refleja los sueños de alguien joven que quiere ser una estrella del rock o un astronauta mientras mira a las personas que tiene en frente suya y se los imagina como sus admiradores. En cuanto a la foto de una mujer rubia que podemos encontrar al abrir el álbum, el encargado de escribir las letras de Starsailor nos contó que su mirada expresa todo lo que cuenta la canción Tell Me It’s Not Over.


De cara al futuro lejano, James Walsh aclaró que el sigue escribiendo canciones durante las giras, “algo que resta mucha presión a la hora de hacer una canción porque no hay fecha por el momento para un siguiente álbum”, confesó la voz de Starsailor.

The Empyrean [John Frusciante]



El Frusciante más experimental



El prolífico guitarra de los Red Hot Chili Peppers vuelve en solitario con The Empyrean, donde exprime al máximo sus cualidades como productor, buscando nuevos sonidos y tendencias sin dejar atrás su sello de identidad. Lo nunca antes escuchado de John Frusciante.


Diez discos en solitario es una cifra que pocos guitarristas pueden alcanzar, más aún cuando se trata del guitarra y principal cabeza compositora de los Chili Peppers, con todas las giras que ello conlleva. Pero su carácter prolífico no tiene tanto mérito como que cada uno de estos diez trabajos aporta algo nuevo, innovador, diferente y sobre todo de una gran calidad en cada uno de sus temas.


Diez también es el número de canciones que enlazan su último CD. Frusciante presenta su retorno con la instrumental Before The Beginning, que ya augura un sonido delicado y que busca explorar en el oído del que lo escucha. Por mucho que utilice la distorsión o su grito sea muy fuerte, mantiene un nivel de calma que aleja la sensación de desasosiego en todo el disco, de manera que guste a aquellos que detestan el exceso ruido roquero y buscan la parte preciosista y melódica del rock moderno. Para continuar con su particular caricia musical, la voz de Frusciante aparece en Song to the Siren, una versión de Tim Buckley en la que el músico neoyorquino ha querido hacer más énfasis en los sonidos de fondo que en la propia voz, a pesar de que este tema invita más a una mayor explotación vocal.


Unreachable es sin duda uno de los referentes de este disco. Esta canción resume la evolución del compositor hasta la fecha, reúne a sus mejores amigos y colaboradores (Josh Klinghoffer y Flea, que ya aparecieran en sus anteriores trabajos) y explota todas las ideas que ha querido poner en este disco. Otra de las características comunes que recogen muchas de las canciones de este álbum son sus amplios finales que nos hacen quitarnos el sombrero durante su desenlace por su producción, melodía, técnica y lírica. God recuerda por sus cambios de acorde con teclado, percusión y violines a las más recientes composiciones de Radiohead, una de las más fuertes y admiradas influencias de Frusciante. Una de las más completas, que cuenta con el lujo de contar también con Kinghoffer y Flea.


John Frusciante abre su persona y alma en este disco como nunca ha hecho antes. Las dudas, miedos, soledades, perdidas… The Empyrean es un libro abierto, y Dark/Light es un tema partido en dos que así lo demuestra. De profunda balada a piano a una rítmica canción electrónica, divertida y amenizada con un coro gospel que nos regala varios minutos de Frusciante tocando el bajo al final del tema que no tiene ningún desperdicio, altamente adictivo.


Si echamos una mirada hacia el pasado musical de Frusciante encontramos a una mujer, actriz y cantante, llamada Kristen Vigard, con la que realizó la canción Slave To My Emotions a finales de los 80. Pues la manera de cantar los versos de esta canción recuerda a la técnica utilizada por John en canciones como Heaven. Es una voz de vocales inquietas, que suben y bajan de tonos graves a agudos y viceversa. Esta es otra muestra de que todo lo que absorbe/inventa Frusciante lo proyecta en su trabajo actual. Enough of Me es otro dulce en la caja de The Empyrean, donde una vez más el músico transmite su preocupación por el mañana, el futuro y el curso de todo aquello que transcurre en la vida. Una de las más optimistas.


Los siete minutos que dura el octavo tema, Central, sacan a relucir entre estribillo y el extenso final la fuerza que caracteriza al guitarrista y cantante americano. Un espectáculo de su voz, sus guitarras y su interminable talento. A punto de caer en el final del álbum, nos regala otra de sus piezas más personales con One More Of Me, donde experimenta con una voz muy grave, violines, teclado y una vez más (como si se tratase de la segunda parte de Enought of Me) una manera de cantar en el estribillo que recuerda a la Kristen Vigard que colaboró con el hace tiempo. El drama y la belleza se cogen de la mano en este penúltimo tema.


El último suspiro aparece con After The Ending, con una voz tratada editada como si viniera de otra dimensión, quizás de esa 4ª dimensión de la que John Frusciante habla en ocasiones para referirse al lugar donde solo la energía existe. El teclado se convierte en órgano, la voz se convierte en susurro, un piano enternece el final y el disco se termina con un simple y seco golpe de caja.


Una apuesta arriesgada y muy personal en la que el artista busca explorar en su interior. Con 38 años, John Frusciante nos demuestra en cada disco que está en la flor de su carrera. Con The Empyrean, John es un niño que busca aprender, experimentar y probar. Con este disco, Frusciante da a los demás el fruto de su ‘Yo’ como persona y como músico a la máxima potencia.

http://www.myspace.com/johnfrusciantemusic



Sea Sew [Lisa Hannigan]



La emancipación musical de Lisa

Después de que Damián Rice, le dijera a Lisa Hannigan, su compañera de batallas y colaboradora musical, que el “curso creativo entre él y ella” había terminado, Hannigan tenía que tomar la decisión de lanzarse a una carrera en solitario o seguir de flor en flor con otros artistas. Ha sido valiente, y el resultado es este Sea Sew que sabe a otoño y cuenta con una elaboración exquisita y varios registros musicales.

Ser músico en Irlanda es algo predecible y complicado. Todos y todas parecen querer colgarse una guitarra acústica y pisar todos los bares y calles de Dublín en busca de un futuro que rompa con sus penas y expandir una música de una calidad que solo los irlandeses y su perfeccionismo artístico puede alcanzar. Hannigan nos muestra en Sea Sew que no es necesario sumergirse en la melancolía total para hacer un disco que llegue a los más sentimentales, eso habría sido muy monotemático y aburrido para una artista que ha plantado cara a la vida musical en solitario muy en serio.

El cd comienza dejando un puerto irlandés para llevarnos por otros 10 puertos en los que está formado el disco, cada uno con su paisaje, su color y sus emociones. Lisa Hannigan es la capitana, una artista irlandesa que siempre ha sido conocida por ser la marinera del barco que Damien Rice, un grande ya de la música irlandesa, construyó poco a poco durante su vida.

Comienza con Ocean and a Rock, donde ya la cantante, músico y compositora empieza mostrando sus cartas: una buena cantidad de instrumentos para dar mayor constraste, producción exquisita, y una voz bordada con hilo fino. La voz de Hannigan, sin ser demasiado original y característica, logra ser cariñosa e interpretativa junto a sus letras, lo que le da un aire muy cercano y sentimental a sus obras. Tras la batería, guitarra, piano, juego de violines, trompeta… llega Venn Diagram, donde una guitarra acústica y una voz pausada hacen la mayor parte y merito de este segundo tema, pero termina rompiendo en una armonía instrumental que sabe a banda irlandesa. Con Sea Song, Hannigan pide definitivamente que se la tome en serio. Con un ritmo jugueton y una lírica estupenda crea una pieza musical de una rotunda base de percusión y un atractivo en la voz y el juego de instrumentos de cuerda que pone los pelos de punta.

La mayor representación de dulzura y cariño que Hannigan puede alcanzar con sus composiciones está en Splishhy Splashy, canción dedicada al fallecido músico irlandés Mic Christopher. La belleza de esta canción va haciendo cada vez más extrema según el ritmo calmado de guitarra acústica va acompañado de metalófono y una vez más, que para una violinista no puede faltar, un bonito juego de violines y violoncelos.

De todos modos Lisa Hannigan evita ponerse demasiado nostálgica y vuelve a llenar de pintura de colores el álbum con I Don’t Know, simpática y soñadora. Keep it All la sigue con un constante ritmo donde se revuelca la batería con los instrumentos de cuerda mientras que la voz de Hannigan disfruta de esta fornicación.

Pasado ya el ecuador de este breve pero conciso disco, Courting Blues se encarga de ir abriendo las puertas para la recta final con una mareada canción que se deja llevar con notas ascendentes y decadentes a lo largo de su duración. Esta confusión se tranquiliza con la paz de Pistachio, donde Hannigan muestra su gran capacidad lírica de decorar lo cotidiano con sentimientos profundos y transcendentales, “the way of a photo left out in the sun, so i try to sep myself in lilies and flax seeds”.

Una dolida Teeth pide paso en la traca final, una de las más cargadas de sentimiento de este Sea Sew, donde el violín se hace lágrima y el piano una caída en cámara lenta. La manera en que esta canción converge en el final es sublime, donde los instrumentos se ponen guapos para descargar toda la tristeza acumulada y Hannigan pone su voz para explicar ese dolor inerte.

Al final todo llega a buen puerto, ya que Lille se encarga de cerrar este viaje con la dulce Hannigan interpretando una canción que es una sonrisa por sí misma y un “nos vemos en los escenarios”, que es donde un músico de la Irlanda se siente realmente vivo.

Aunque solo sea por morbo, merece la pena ver lo que ha hecho Damien Rice para su siguiente álbum, el resultado de su proyecto de escribir una canción por día en su viaje de 10 días de Dublín a Barcelona, ahí es nada.

Suerte Lisa.

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Silent Cry [Feeder]

Contundentes como nunca

Feeder vuelve con un completo sexto álbum que devuelve como nunca el sonido sólido y con carácter de siempre pero a su vez con la limpieza y ternura de sus últimos dos álbumes.

Con Seven Days in the Sun, Just a Day o Buck Rogers, la banda que naciera en Gales archidemostró que son una de las delicias musicales más apta para sonorizar un verano. Pues con Silent Cry lo han vuelto a hacer. Tras la muerte del batería Jon Lee, el resto de sus fundadores (Taka Hirose y Grant Nicholas) cayeron en una depresión que les mantuvo en mitad del abandono y la creación de una obra de arte como disco. Así dieron el paso hacia un nuevo día con Confort In Sound, y posteriormente siguieron esa melancolía pero con una mayor paz espiritual con Pushing the Senses. Estos dos discos calaron en el estilo de Nicholas y los suyos, pero ahora la contundencia ha vuelto a enchufarse a los amplificadores y altavoces de este trío aún joven. Su nuevo batería desde el suicidio de Lee, Mark Richardson, es un ganso atizando con las baquetas, y eso se agradece a la hora de crear un sonido de rock que cada vez es más indie. Esta fuerza del bataca de Leeds va acompañada de la voz con alma grunge de Nicholas y el carismático bajo de Hirose, experto en bordar una perfilada producción en sus álbumes y hacerse notar en los conciertos.

El más claro ejemplo de todo este remolino de velocidad y poderío esta ya en su primer single: Miss You. Las letras de sus discos siguen siendo melosas y poéticas como solo Grant Nicholas sabe escribir. Junto a ella esta Itsumo, una pasional pieza también muy Feeder, donde la letra se enlaza con la música de manera sublime, y donde la distorsión se hace melodía una vez más en las serenatas de estos tres hombres. Tracing Lines no puede saber más a verano, podría decirse incluso que es la Buck Rogers de la nueva era Feeder, divertida, rápida, viva pero con versos delicados y enternecedores (sin pasarse). 8:18, aparte de ser una hora en la que no apetece levantarse un domingo, es uno de los temas que arrancan melódicos y algo ñoños para dar un gran salto ultrasónico en el estribillo, otro ingrediente ‘feederiano’ que no podía faltar. Con Into the Blue saboreamos la sensualidad y la chulería de Feeder, donde se nota la influencia The Police en sus primeros años, con todo su descaro y cambios ritmos vacilones, de las mejores.

El resto de temas flota en una vertiente que mezcla los últimos álbumes, la voz en eco de Grant junto con su entonación a lo Interpol y una producción moderna que sabe a The Killers en sus teclados y sintetizadores. We’re the People es el nuevo himno de la banda, una canción de grandes espacios, bonita y esperanzadora en la lírica. La belleza prosigue con obras como Silent Cry, la que le da título al álbum y se presenta rodeada de violines, guitarras limpias en sus versos pero distorsionadas en los estribillos, muy sentimental. Fires sigue la misma tónica, pero con herramientas más electrónicas, ritmos más rápidos, y con una línea tan pegadiza que conduce la catarsis de la canción: “she lights the fire then she goes, below”. Helds Held High empieza como una Summer’s Gone y va acompañada por una voz de Nicholas temblorosa, muy al estilo Interpol. Oscura y conducida por violines alineados con sonidos electrónicos, desemboca en un final con grito de lucha y esperanza. Este registro de voz y la electrónica de The Killers sigue en Who’s The Enemy, tema de una base grave pero sintonizado con el sonido agudo de los violines y las guitarras eléctricas.

Este álbum también cuenta con su interludio, que consiste en una doble voz de Nicholas con unos teclados y sonidos electrónicos de fondo al estilo post-Kid A de Radiohead. Éste mismo micro-tema nos conduce a un final donde vemos a una carismática Guided by a Voice que cada vez cae más simpática en estos días de quemazón. Sonorous es un “fin de fiestas” que cierra el disco con acordes oscuros, pero poderosos y con vistas al frente. Es la supervivencia al sufrimiento y las ganas de abandonar, una de las mejores opciones para cerrar el telón de un álbum como este Silent Cry.

En cuanto a las canciones bonus que se encuentran en la edición especial, merece mención especial Every Minute, una verdadera joya de indie rock donde todos brillan, y tanto como esta como Yeah Yeah disfrutan de una producción propia de temas de álbum, no dan apenas sensación de ser caras b o canciones de repuesto/reciclado. Quizás por su estructura monotema no habrían encajado perfectamente como un tema más en el disco, pero por fuerza y carácter se merecen sobradamente una plaza en el sexto LP de Feeder.

Viva la Vida or Death and All His Friends [Coldplay]

Esperanza entre la oscuridad

Coldplay lo logra una vez más. El miedo de Chris Martin de no poder ofrecer algo nuevo y gigante ha dado sus frutos a pesar del listón tan alto que tenían. Este cuarto álbum demuestra que Coldplay será comercial si las masas así lo quieren, porque ellos parecen solo querer clavar una obra maestra que nunca caduque en el tiempo. Un Coldplay sepia que tira de las ganas de vivir en tiempos de cólera.

Resulta frustrante ver algunas entrevistas y declaraciones por parte del cantante y líder de la banda el señor Martin cuando habla de no poder superarse o hacer algo que merezca la pena con su siguiente album, mientras agoniza y se echa las manos a la cabeza pensando que crear y como crearlo. El resto de la banda parece ser más optimista, o al menos el peso que balanza al grupo para que todo llegue a un mismo punto y logren sacar al mercado, al menos, eso que querían decir con el corazón.

Después de un sublime X&Y, parecía un suicidio meterse en el estudio y centrarse en hacer un LP mejor. Pero la experiencia hace que Coldplay finalmente se olvide de lo que le rodea y se acuerde más de Coldplay. Con Viva la Vida ofrecen algo fresco, atrevido, e incluso experimental, pero no sin ello quitar ese puntito que hace de Coldplay una de los mejores grupos del momento, ¿de que categoría? Ahí esta la gracia, Coldplay son ellos mismos, a pesar de tener su inspiración e influencias como toda banda.

La historia (dado que este disco es historico) empieza con una Life In Technicolor. Un enorme atrevimiento dado que se trata de un tema instrumental e introductorio, y que recuerda a los instrumentales de la banda danesa Mew en sus últimos trabajos. Y es que que Coldplay se atreba con algo así, siendo una banda tan mediatica y bajo una gran presión del mundo musical, nos da una carta de presentación a un Coldplay que toca música con los ojos cerrados y el corazón en la mano, centrándose en ellos mismos más que nunca. Cementerios Of London sigue esta linea, con un Martin que entra con su voz acaramelada, sin grandes pretensiones, adentrandonos en una lírica oscura que abunda a lo largo del disco. A ritmo de palmada la canción va cogiendo un color, pero un color de tres tonos: blanco, negro y gris. Es un cantar bajo la lluvia, una banda británica que disfruta con lo que hace y perfila cada verso de una manera deliciosa y dulce.

Lost! se enchufa con un ritmo percutido que bien podría ser una base para una canción hip hop de culto, pero en el momento que entra la voz entendemos que la vía es diferente, y así estos cuatro chicos vuelven a sorprender una y otra vez con sus cambios de orientación, giros y volteretas en cámara lenta. Jonny Buckland (guitarrra) se marca sus riffs de guitarra de melodías simples, delay, que empieza a ser definitorio en la banda desde especialmente el anterior album. Esta faceta de Buckland ha llevado a comparativas entre la guitarra de U2 y Coldplay, catalogados ambos de “stadium rock”, aunque estas comparaciones no son más que un juicio muy cómodo y típico basado en las amistades entre ambas bandas, algunos efectos de guitarra, y la cantidad de masas que estos grupos atraen allá donde van. 42 es una fuerte referencia en este Viva la Vida or Death and All His Friends (recurso del doble título de album que recuerda a la etapa de Hail to The Thief de Radiohead). La estructura de esta canción la hace sobradamente válida para ofrecerla en vivo: Intro de Martin a piano y lírica oscura que sucesivamente va adquiriendo potencia con la batería de Will Champion y la termina de agarrar con la supremacía de Buckland en la guitarra, el cuerpo sólido del bajo de Guy Berryman y finalmente la voz de boca abierta de Martin y sus dedos aporreando el piano de manera rítmica.

Con Lovers In Japan la banda de rock se expande en homenajear el amor y sus sensaciones. Un homenaje a la esperanza y al amor como cura que se fusiona con uno de los temas bonus del album: Reign Of Love, una verdadera nana para el corazón. Yes es otra de las gratas sorpresas que ofrece este Viva la Vida. Chris Martin canta con una voz grave pocas veces oída anteriormente, la cual coge una vía musical de lo más atractiva con una acústica rasgada y de acordes que cambian en espiral, un bajo y eléctrica tejano y para animar más el coctail un grupo de violines arabes que aportan al tema una gran carisma. Es, en base, la God Put A Smile Upon Your Face de el cuarto álbum. Este tema también trae regalo en forma de canción extra: Chinese Sleep Chant. Esta es sin duda una de las más atrevidas y más me-da-igual-lo-que-diga-la-discografica, dado que la voz aguda de Martin, las guitarras eléctricas chillonas y con eco, y el ritmo monótono de la canción no la llevarían ni al número 39 de los 40 principales. Un aplauso por esta liberación que pocas veces se ve ya en un álbum (termina abandonada como cara b de un tercer o cuarto single).

Tras la canción que nomina al álbum, la cual se sustenta en orquesta de cuerda y la voz de Martin y que seguramente sea single por su capacidad de ir ganando por cada vez que suena; llega el que ha sido primer single, Violet Hill. Es la aportación de blues que Coldplay planta en el álbum, una pieza de estribillo pegadizo, verso fresco, confortable y divertido, y un final de una ternura que hace estremecer. Antes de llegar al final, nos rescatan de nuestra oscuridad con Strawberry Swing. Su titulo lo dice todo, es como los mejores años de la infancia, la belleza de la inocencia y el amor por las cosas pequeñas. Lastima que quizás con el paso del tiempo termine por perder fuerza y se quede en una canción nostalgia que gusta veces si y veces no.

Llega la traca final con Death And All His Friends. Completita como ninguna tiene de todo: El principio es un abrazo de madre como solo Coldplay lo sabe describir, que poco a poco coge impulso y fuerza para subir una cuesta en el intermedio, y terminar por dar el salto al final de la canción con una catarsis con la banda al completo brillando como nunca. Maravillosa, una firma a este Viva la Vida que no se puede olvidar. Pasada la delicia, vuelven con la misma melodía electrónica y preciosista de Life In Technicolor pero esta vez culminando con la voz de Martin repitiendo con una terrible fuerza lírica y que encaja perfectamente con la belleza musical que le rodea: “In the end we lie awake, and we dream of making our scape”.