No more stories… [Mew]

Remedio nórdico otoñal



No More Stories / Are Told Today / I’m Sorry / They Washed Away / No More Stories / The World Is Grey / I’m Tired / Let’s Wash Away…Es un título largo, pero, ¿acaso no lo dice todo del nuevo disco de los daneses Mew? Ve a por una manta, siéntate, y averígualo.



El los países nórdicos, cuando entra el otoño, las hojas de los árboles pueden llegar a coger un rojo pasión cuando hace mucho frío, en temperaturas bajo cero normalmente. Este efecto natural crea una bonita gama de colores junto con los amarillos y naranjas que se forman en los sombreros de los árboles. El bosque llega a ser el protagonista del otoño, y lo recuerda haciendo bailar sus hojas por cada pueblo y ciudad.



Pues eso es el nuevo disco de los daneses Mew, una metáfora otoñal exquisitamente producida, un dulce sueño nórdico, la melancolía más placentera.



Tras introducir con New Terrain, donde todo parece extraño como el final del verano, en la que hasta la voz parece sonar al revés, el disco cae en una superficie de hierba mojada con Introducing Palace Players, un auténtico recital de todo: Música, voz, producción, sensibilidad, calma, levitación, ritmo. Tras la dulzura de Beach, Repeaterbeater viene con toda la agresividad y al mismo tiempo la amistad de esa naturaleza musical que Mew lleva demostrando durante sus últimos tres discos.



La corteza de ‘No more Stories…’ se va enfriando pero el interior sigue calido y tierno. Es la gota fría otoñal que no pasa del cristal por el que observamos la estación que entierra el verano. Silas, the Magic CarCartoons and Macramé Wounds es simplemente exuberante, un cuento de hadas moderno invernal.



La letra de Hawaii Dream es en efecto el título del álbum. Una pacífica, relajante pieza de voz, piano y guitarra que sirve de introducción para la percusora Hawaii, que es como mezclar Strawberry Swing de Coldplay con y la percusión del Viva la Vida con música hawaiana. Una auténtica maravilla que finaliza en una espiral ascendente con la aguda voz de Jonas, que logra aportar un mayor encanto a la canción cuando pronuncia los versos: ‘The weather is like you, third time’s the charm, like a dog it’s breathing’.



Con su música y coloristas alfombras ocupando el suelo, los seis chicos de Mew mantienen el calor en su estudio con Vaccine y pasan a Tricks of the Trade, una creación puramente informática, de esas que se pueden crear en un espacio de tres metros cuadrados, un teclado, micro y ordenador pero que consigue unos resultados envidiables a pesar de la era electrónica en la que todo músico parece querer experimentar algo nuevo.



Sometimos Life Isn’t Easy es la sorpresa más agradable que da Mew en su último álbum. Con un poco del minimalismo de su álbum debut A Triumth For A Man y de la grandeza de su anterior álbum And The Glass Hended Kites, los daneses dan un final justo a su quinto álbum. No solo son seis músicos llegando a lo más alto y dejando claro por qué son una de las más ambiciosas, sensibles, expertas y orginales bandas del momento, es la manera en la que la canción va transformándose tras cada párrafo, la percusión, el piano, las guitarras, el coro infantil, la voz ya inconfundible de Jonas… sublime y divertida.



Pero el otoño no deja de ser otoño para Mew. El disco muere en Reprise, la estela de melancolía que han ido dejando las anteriores canciones recae aquí. Son los créditos de un álbum absolutamente recomendable y para tener en cuenta a la hora de huir de frío que se nos viene encima.

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Coldplay, Estadi Olímpic de Barcelona 04.09.09

Una despedida agridulce

Coldplay se despide de España en un concierto marcado por los fallos de sonido, pero en el que el ‘Viva la vida’ acabo siendo el protagonista. 65.000 personas ante la mejor puesta de escena hasta la fecha en todas sus giras. Chris Martin fue puro espectáculo como siempre, salvando a la noche de un grave desastre.

No para de comentarse por la red los fallos de sonido que afectaron al concierto sobre todo al principio. Fue horribe, eran parones absolutos de sonido de unos 5 segundos, suficientes para romper el éxtasis de las decenas de miles de personas allí presentes. Pero no todo terminó ahí, porque por lo que tengo entendido, el ala izquierda del escenario fue la más afectada porque se fastidió uno de los set de altavoces. Yo tuve suerte, esta vez me puse en el lado del suficiente guitarrista Jhonny Buckland (que cumple años este viernes 11).

Mientras Coldplay se decidía a salir, en los altavoces sonaban canciones de U2 o Jay Z, y es que Chris Martin no es Chris Martin sino queda bien con sus colegas del gremio musical. El setlist era prácticamente calcado al último concierto de Madrid que ya comenté por aquí. Las principales sorpresas fueron Glass of Water y una versión de la Billie Jean como homenaje al difunto rey del pop. La primera por ser perfecta para tocarla en un estadio y por su puesta en escena (una pantalla digital inmensa en forma de medialuna que ocupaba todo el fondo del escenario mostraba un viaje virtual por el espacio sideral). La segunda por el bello tributo y sobre todo porque es una versión original y divertida, que tocaron durante la parte acústica del concierto, en la que los 4 miembros de la banda se apreta en un metro cuadrado mientras sus pies están rodeados del público de la pista.

El subidón llegó, una vez más, pasada la primera mitad del concierto, cuando no paraban de caer temas como Fix You o Viva la Vida que conducían una vez más a una despedida melancólica pero sublime con Death and All His Friends. Su último álbum Viva la Vida or Death and All His Friends no solo ha convertido a la banda en la mejor del 2008 sino que la ha renovado por completo. Las canciones que colplan este LP son el alma absoluta de su última gira, y muestra de ello es que canciones como Yellow (que la tocaron bastante acelerada) y The Scientist (algo falta de sentimiento, desapercibida) quedasen en un tercer plano cuando han llegado a ser las maestras de ceremonia.

Chris Martin volvió a ser el gran showman. Bailo como loco, cantó fenomenal, y se tumbaba en el suelo mientras el público ensordecedor coreaba loes ‘Oohhh, oohh, oooh’ de Viva la vida que todos esperaban con una mezcla de ansiedad, tensión y pasión. Uno de los puntos de la noche es cuando organizó a todo el estadio para hacer olas con los móviles, algo visualmente impresionante.

Al llegar a los segundos y últimos bises, Martin se disculpó por los problemas de sonido que habían querido ser los protagonistas de la noche, y aprovechó para recordar que a la salida lanzarán su último CD gratuito Lef Right Left Right, que recoge 9 canciones en directo compiladas durante su gira de Viva la vida.

We won’t see you in a while…goodbye”. Así sera. Coldplay se esfuma, seguramente durante varios años. Quizás caiga algún DVD en directo mientras tanto, rumores sobre la grabación de un nuevo album…pero nada oficial hasta que pasado un tiempo volvamos a oir algo de una banda que ha conseguido con corazón conectar a la gente mediante su música como nadie, superar a U2 sin quererlo, y lograr que mucha gente que ni se interesaba por la música se vea sorprendida por este gran poder sonoro y olímpico.

Sala 2.5 Las acusticas de este tipo de estadios no suelen ser su fuerte…y si a eso le sumas los problemas de sonido queda en muy mal lugar. El lugar era impresionante y dentro de lo masiva que fue la asistencia, las salidas no tenían un muy complicado acceso, aunque para llegar del estadio a Barcelona fue como una autentica procesión de Semana Santa. Se agracedía que fuera a techo abierto.

Público 4 Una vez más, el público de Coldplay se limitó a disfrutar de la música del grupo al que venían a ver. Hubo pitos por los fallos de sonido y por las versiones techno que Coldplay hizo de canciones como Talk.

Teloneros 3 Flaming lips y Sunday Drivers fueron los encargados de abrir la noche. Espectacular y divertida la puesta en escena de Flaming Lips pero musicalmente bochornoso y aburrido, mucho mejores en ese sentido los españoles Sunday Drivers, aunque no dejan de ser un popurri (bien tocado) de las bandas encanta-nenas de los finales de los 60.


Setlist

Life in Technicolor

Clocks

In my Place

Yellow

Glass of water

Cemeteries of London

42

Fix You

Strawberry swing

God put a smile upon your face+talk [techno version]

The hardest part+postcards of a paiting (Piano version)

Viva la vida

Green eyes+Death Will Never Conquer+Billie Jean (acoustic version)

——

Viva la vida remix

Politik + Gnossienne No. 1

Lovers in Japan

Death and all his friends



——


The Scientist

Life in technicolor II

((Un)) [Dan Black]

Donde la belleza besa al ritmo



Quien fuera el alma de la banda The Servant, no pierde su hambre musical y compositiva para sacar ((Un)), álbum en el que los ritmos pegadizos, la sinfonía y la delicadeza lírica se abrazan durante 12 canciones.



Dos EPs y dos álbumes, un gran éxito en países como Italia o Francia es lo que duró The Servant antes de su separación en 2007. Como suele suceder en estos casos, las razones fueron las diferentes ambiciones musicales, y Dan Black es el perfecto ejemplo de ‘deborador’ musical.



Poco a poco fue pavimentando su carrera en solitario. Todo empezó cuando colgando en su Myspace las canciones en las que había trabajado últimamente. Una de ellas, Hypntz, causó tanto revuelo que Zane Lowe, el locutor más influyente en música alternativa de la BBC, etiquetó a esta versión del rapero Notorious B.I.G. como una de las mejores de la historia.



Todo iba sobre ruedas. Contrato discográfico, etapa prolífica y muchas ganas. Pero entonces la piedra angular de esta nueva etapa le causó problemas. La ley no permitió que Black utilizase la letra del difunto rapero. Black incluso escribió a la madre de B.I.G., explicándola que este tema era a modo de tributo, que es una versión, no un plagio ni un robo. Pero nunca obtuvo respuesta.



Muy lejos de venirse abajo, Black re-escribió la letra y lanzó Symphonies, el primer tema del disco. Un tema que te envuelve, te inyecta su ritmo y melodía, y antes de que te des cuenta eres un enganchado más a ella. Canciones como U+Me =, Alone o Yours son la cara positiva y juguetona del álbum, la base de todo el ((Un)). Pero lo que hace a este disco el perfecto debut son también esos temas delicados como Ecstasy o Cocoon, esta última un autentico homenaje al amor de confesión tardía e incondicional: “‘Cause when you say it’s okey, it doesn’t matter if I believe you”, toca la letra.



Lo mejor de el artista británico son su voz, su delicadeza su lírica contemporánea, y su hambre de experimentación sonora. Tantas ganas e ideas tenía para su nueva vida musical en solitario que temas como Karate Kid o Junk Food se quedaron como caras B, pero su belleza y calidad merecen dos suites de lujo en ((Un)). Pero en Inglaterra un disco de más de 12 canciones es un despropósito…



Pasada la mitad del álbum parece que poco le falta al artista por incluir, ((Un)) ya lo tiene todo a esta altura para ser el álbum debut ideal. Pero la discotequera y bailona Pump My Pumps sacude la caja del CD, para dar paso a Wonder, una maravilla de balada que levita y hace levitar. Black no pierde su concentración, seguridad y delicadeza con Cigarette Pack, una lenta que recuerda a la arquitectura utilizada con The Servant. Lo mismo pasa con Life Slash Dreams, un tema positivo y onírico que recuerda como Dan Black dejo su banda hace poco.



El disco termina con la fuerte sacudida corporal de I Love Life, y Let Go, donde Black demuestra una vez más que respeta mucho la canción de cierre de un disco, y cierra la puerta de ((Un)) con este sorprendente tema que recuerda al sonido de las bandas sonoras del videojuego y película de terror psicológico Silent Hill.



Este disco esta hecho para sentir, para escucharlo muy alto, por la noche o de madrugada a poder ser, y dejar que te enganche porque es inútil evitarlo.

Os dejo el video de Symphonies, un homenaje a los creditos de apertura en el cine.



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Quicken The Heart [Maxïmo Park]

Jóvenes estimuladores de sentimientos



Los jóvenes y energéticos emblemas del indie-rock vuelven con otro acelerador de los buenos. La velocidad sin control es un problema, pero estos chicos demuestran con su tercer disco que son muy buenos al volante. Tom English lo borda con su trabajo excelente tras la batería, pero el teclista Lukas Wooller pierde influencia en los temas. Pónganse el cinturón antes de empezar.



Sin que apenas me de cuenta, paso de la primera canción a la tercera, esa fase clave para un disco, habiendo pasado por sacudidas como Wraithlike. Con The Penultimate Clinch ya tengo la primera favorita del disco, quinta marcha y puro indy rock. Y con The Kids Are Sick Again como canción que gana con sus escuchas a pesar de no ser sobresaliente, ya tenía el tridente perfecto para abrir las puertas de un nuevo disco que grabaron en Los Angeles con Nick Launay, productor de grupos como Yeah Yeah Yeahs, Supergrass o Nick Cave.



Pero no se queda todo en su fachada. A Cloud Of Mystery es vivaz, pasional, melódica… y donde cada uno de los cinco miembros colabora de manera sonada, en tres palabras, se hacen notar. Aunque las altas velocidades no paran durante todo el disco, y durante las primeras escuchas resulta difícil no perderse entre tanto cambio de acorde y batería, con Calm, Maxïmo Park se toma el único descanso del álbum, pero al final todo termina como les gusta a ellos, con una fuerza y sensibilidad que demuestra que no solo hacen su música para entretener.

In Another World (You Would’ve Found Yourself By Now) entra machacando con guitarra, bajo y batería y mantiene ese ritmo a fondo durante una canción que no te deja quieto. Es otro estandarte del Quicken The Heart, atentos a cada uno de los sonidos. Let’s Get Clinical arranca con un ritmo parecido a Girls Who Play Guitars pero con ese nuevo sonido de Maxïmo Park de efectos temblorosos de guitarra, sonidos de teclado del espacio sideral de los ochenta y ritmos en zigzag que aceleran más aún los versos que pronuncia Paul Smith.

Atractiva, ambiciosa, con una producción exquisita. Así se adapta Roller Disco Dreams al nuevo álbum. Una vez más la banda llega a un nivel de compenetración que cuelgan otro tema para tener muy en cuenta en su lista de canciones. Con ella y Tanned vuelven esos sonidos del espacio sideral que ya caracterizan a este disco (quizás sea la razón de la portada donde parecen mostrar una especie mapa de constelaciones).

Aunque su tercer LP recuerda más a su primer gran trabajo, A Certain Trigger, también esconde la herencia del Our Earthly Pleasures, donde abundaba más un sonido limpio en su interior y de balada melódica. En Questing, Not Coasting se puede ver con claridad, con un estribillo muy sentimental y unos versos propios de un escultor de la lírica como Paul Smith, “You move your fram into the shape, the window makes a lunar flame”.

Toda banda o artista que se precie tiene que pasar la experiencia de grabar un álbum es Estados Unidos. Y durante esta grabación la inspiración de un país tan inmenso y en parte diferente a Europa se ve reflejada en su música. Overland, West Of Suez suena a música sureña americana reivindicativa, a los primeros blues que se incubaban en una granja y que se cantaban por todo el país.

Un buen disco necesita un buen cierre. I Haven’t Seen Her In Ages es la canción romántica y melancólica que Paul Smith está acostumbrado a escribir y reproducir, “It’s late and I Miss you mostly…But the body ges confused […] I would put my arms around at the kitchen sink, I would hola on until you Stara to dream”.



En cuanto al DVD que acompaña a la edición especial he de decir que es imprescindible para aquellos que quieran disfrutar de su furia y perfección en vivo, y de un montaje magnífico que incluso tiene que envidiar a su excelente Found On Film. Monument, así se llama el DVD extra, es un documental compuesto de actuaciones en vivo, entrevistas y el día a día de la banda.

Salvados por el artista

El pasado fin de semana se celebró el festival Estrella Levante SOS 4.8 en el que PJ Harvey y John Parish hicieron su única aparición en España. Hasta ahí bien, pero entonces llegó la organización de un festival joven y lo complicó todo.



Para acudir a este festival te tenías que comprar tu entrada, como en cualquier otro, pero ¡sorpresa!, eso no te garantizaba poder ver ni a PJ Harvey ni a The Matthew Herbert Big Band, que eran los únicos que actuaban en el auditorio del recinto. Para notificarnos este hecho la organización del festival colgó un post en su blog, que ni siquiera en la página de inicio de su web, donde informaban que para acceder al auditorio era necesario escribir un mail con tus datos personales y código de la entrada. Había 800 invitaciones que se agotaron en apenas unas horas, así que para la organización misión cumplida y se evitaban colas a la entrada del auditorio, ¿pero que pasó con el resto de los 40.000 asistentes que no se enteraron de nada porque simplemente compraron su entrada en algún establecimiento, página web o que no les dio por meterse en el blog de la web y leerse todas las entradas hasta encontrar el tesoro oculto?



La organización garantizó que pondrían las ‘sobras’ en taquilla, y a las 14:00 horas del primer día del festival abrirían las ventanillas para ofrecer las entradas del auditorio a los que hicieran cola. Miles de personas lo intentaron, muchos plantados en la cola desde primera hora de la mañana, pero la mayoría se quedó fuera. A eso de las 17:00 horas ya se había acabado toda esperanza…



En mi caso, cuando iba de camino al festival para situarme en la fila, tuve la suerte de perder un autobús y confundirme de parada para encontrarme con John Parish, hombre encantador donde los haya, quien me dijo que nos pondría a mi y a mi acompañante en la lista de invitados en caso de que no consiguiéramos entrada en el auditorio. Y así fue, estábamos invitados al concierto de PJ y John por cortesía del propio Parish.



Pues no, de repente te topas con el muro de una plantilla de trabajadores poco cualificados para colaborar que dice que no ha recibido ninguna lista de invitados y que vayas a molestar al artista que te ha invitado que ese no es su trabajo (y eso lo decía un persona que estaba en un mostrador que ponía ‘Invitaciones’). Tras pasarse la patata caliente de uno a otro, marearme de un departamento a otro y de un responsable a otro, me dejaron subir al auditorio para ver si podía hablar con Parish, mi última esperanza.



Después de disfrutar de su perfeccionista prueba de sonido, como un voyeur de la música, junto a la entrada del auditorio, conseguí hablar con John a hora y media antes de la actuación. Él habló con su manager, quien le dio las invitaciones a su ayudante (que trabajaba para el SOS, gracias Nuria) y fin de la pesadilla.



La organización del SOS no hizo caso de la ‘llamada de socorro’, y respondían con hostilidad y una muy mala educación: “ni sabemos nada del asunto ni lo vamos a saber, vaya plasta que nos estás dando”; o cuando me quedé sin batería en el móvil: “no te pienso dejar mi teléfono para llamar a Nuria (compañera suya, y ayudante del manager de PJ Harvey) porque lo tengo que utilizar todo el rato, búscate la vida, no podemos hacer más por ti”. Frente al mostrador de invitaciones y prensa se sucedían periodistas, amigos de artistas, e incluso técnicos de sonido que eran recibidos con actitud de defensa, desconfianza y pocos modales, “mira la periodista esta, que se me ha ido toda rebotada”.



Espero que para el año que viene tengan el cuenta el quebradero de cabeza que ha supuesto para todo el mundo el tema del auditorio porque el festival estuvo muy bien: cartel, recinto, precio, diversidad de actividades, compromiso con el medio ambiente…etc.



Del concierto de Harvey y Parish solo puedo decir que tocaron las canciones de su nuevo disco de una manera tan soberbia y curtida que parece que llevan décadas ofreciéndolas en directo. La voz de Harvey y el arco iris de guitarras de Parish, sumado a una banda sobresaliente, dan como resultado un concierto que puso en pié a la sala en varias ocasiones.



Antes de concluir, ya sabéis que suelo hablar del público en un concierto. Con PJ Harvey fue una entrega absoluta, pero si te acercabas a conciertos como el de Maxïmo Park, veías que estaban llenos de gente pero que apenas les importaba más la música que simplemente estar ahí haciendo bulto con los colegas. Y mientras el cantante, Paul Smith, hablaba entre inglés y algo de español para entrar en contacto con su público, se podían oír cosas como “¡habla castellano! ¡gilipollas!”. Fin de los comentarios.

Fotografía: Mezken

A Woman A Man Walked By [P J Harvey & John Parish]



Polly y su sombra

PJ Harvey, acompañada de su viejo amigo y compañero musical John Parish, vuelve con un disco que trae lo mejor de ella, lo definitivo. Un puñetazo en la mesa que recuerda quien es la reina en el reino de divas indie y música sombría. Un disco superlativo hecho en compañía para escucharlo en soledad.

Más de 20 años de amistad y de vínculo musical son los que P J Harvey y John Parish comparten. Hace 13 años que sacaron su primer trabajo que firmaron conjuntamente, Dance Hall at Louse Point. Pero Parish siempre ha estado ahí, en la sombra, observando los movimientos de Harvey, ayudándola a producir sus discos, a encontrar su sonido. No siempre juntos en el estudio pero siempre cogidos de la mano, ahora vuelven con la edición de un disco magnífico que pone los pelos de punta. Brutal simbiosis de guitarras, bajo y batería.

Un CD que abre con una canción como Black Hearted Love ya es un disco a tener en cuenta, que no te deja impasible. Es eléctrico, es un alambre sentimental que te parte en dos, es uno de los mejores temas que Polly Jean Harvey ha hecho últimamente.

Es un pez en el agua con la música que hace. Con Sixteen, Fifteen, Fourteen saca un tema juguetón, pillo y folclore. Se deja caer en la oscuridad infinita con Leaving California, donde mama de su sonido sombrío, fruto del bosque entre nieblas que PJ visita para hacer sus canciones. Un bosque donde los sentimientos son tan profundos que queman, duelen como heridas internas. The Chair es un llanto, el preocupante aullido de una mujer que ha perdido a su hijo.

En la oda al mes de abril, April, Harvey vuelve a demostrar su amplio registro de voces, pasando de una voz vieja y demacrada a un canto de pena y nostalgia. Pero este no es un álbum 100% lagrimas y rendiciones. Polly se levanta con rabia en A Woman A Man Walked By/The Crow Knows Where All The Little Children Go. Su voz parece estar plagada de fantasmas, de rabia contenida. Soberbio y de escucha necesaria.

The Soldier el dolor ajeno. Una pequeña guitarra, un tímido piano, y la voz de PJ, dolorida como el cuerpo y la mente de un soldado al que nadie apenas le importa.

Con Pig Will Not, Harvey se pega una gran pataleta y canta una vez más con rabia, resignación, gritos que rompen las ganancias, e incluso ladridos.

Passionless, Pointless es un paseo nocturno por las calles de Stories From The City, Stories From The Sea, disco con el que PJ Harvey cosechó el mayor éxito. Es preciosa, dulce, también algo sombría para no desentonar con el álbum, delicada y sensible. Son las últimas lágrimas de un llanto por la pasión. Otra maravilla más para escuchar alto, a oscuras mientras que ves como todo pasa a cámara lenta. Esta canción es una de las mejores experiencias del disco.

Cracks In The Canvas recuerda a Is That All There Is? del Dance Hall…, por ser un relato hablado sigilosamente acompañado por una música tranquila y pacífica.

PJ Harvey vuelve con todo. Con su sombra, su rabia, su pasión, su voz múltiple, y con unas canciones que parece imposible olvidar.


Scream [Chris Cornell]

Valiente hijo del grunge



El ex cantante de Soundgarden, Temple of the Dog y Audioslave, se atreve en su tercer disco en solitario a dar un giro violento dirigido al pop, soul y electrónica. Una voz que se pasó el mayor tiempo de su carrera posada en el grunge y hard rock se apasiona cada vez más de las voces negras. Y encima no se le da mal.



Todo en principio parece una broma. El truco está en saber coger el chiste y todo se vuelve adictivo como una droga dura. Para darle una escucha a Scream es bueno ir con esa mentalidad, sobre todo porque la primera fase del álbum es quizás la más radical. Tras una introducción típica de los discos de hip-hop (con una voz robótica que presenta a Chris Cornell) llega Part Of Me, una mezcla entre soul y tecktonik. “That bitch ain’t part of me”…¿Qué hace un padre casado cantando estas cosas cuando ya nos tenía acostumbrado a canciones de amor y paz?. No se asusten aún. Con un soberbio, guitarrero y bordado link entre esta canción y la siguiente, Time, la voz de Cornell pasa por un ritmo reaggetonero, vacilón y gracioso. Sweet Revenge hace que te venga a la cabeza la imagen del video típico de MTV con chicas moviendo el culo a velocidad vertiginosa rodeadas de coches caros. Get Up, más techno-beat-voice.



Entonces cuando llegamos a Ground Zero la cosa se hace más digestiva. Una canción original que podría sonar perfectamente con un grupo de guitarras y batería pero Cornell la transforma junto a Timbaland (productor experto en dar vueltas de tortilla) en un tema donde la voz del americano adquiere un sentido que ahora es más fácil de entender y asimilar. De manera sideral, y siguiendo con las ‘intros’ y ‘outros’ que unen todas las canciones del disco para convertir a Scream en una unidad, Never Far Away regala una canción agradable y perfecta para la nueva voz de Cornell pese a sonidos electrónicos nunca vistos en una canción de este músico. Aún así no deja de ser comercial, igual que Take Me Alive, de sonidos y patrones asiáticos, algo muy típico en las canciones pop de cualquier ‘cantantuflo’ al que le hayan dado licencia para grabar un disco. Una canción que supone poco más que la barrera que separa la mitad del disco.



Long Gone es bonita. Es una canción de una noche playera junto a la hoguera. Un suave balada reaggea-pop que enamora con la voz del señor Cornell. Pero estas canciones cansan rápido. Aún así seguimos con otra balada, Scream, que parece sacada de un disco de Justin Timberlake pero salvada una vez más por la voz del (aún) roquero. El video de este tema lo hemos visto mil veces con artistas de pop y soul, cómodamente predecible. Enemy es otra de esas canciones que en su base es tan buena que aunque no esté rodeada de electrónica verás que su melodía, estructura y la voz se revuelve perfectamente con este tipo de producción. Una de las mejores.



Other Side Of The Town tiene su genialidad en el ritmo, la batería, en lo asquerosamente adictiva que es. Y eso que, una vez más, ya hemos oído este sonido antes en la mayoría de los videos de la MTV. Para cuado llego a Climbing Up The Walls ya he decidido dar una segunda oportunidad al disco, una vez más por su ritmo, la belleza que aporta la voz de Cornell y el que sea una de las que menos alejadas están de a lo que estamos acostumbrados de este artista.



Aunque el broche final, Watch Out, me hizo pensarme esa segunda oportunidad, se la di. Si has llegado a este tema y piensas en darle otra escucha, dásela, porque puede que descubras un buen disco entre tanta broma electrónica, rapera y de Chris Cornell como Michael Jackson a la inversa.



Y aquí estoy, con Chris Cornell, hablando de un disco muy arriesgado pero necesario, ya que desde hace tiempo él quería explorar este tipo de música. Era vital un cambio para este hombre, porque repetir la formula de ‘leyenda del rock retirada’, etiqueta que se auto imponía en su anterior disco, Carry On, sería un error. Otro disco de 15 canciones, en su mayoría baladas de roquero adulto, habría llevado a Cornell a la desesperación y los que le escuchamos al aburrimiento. Scream llama la atención, por su cambio agresivo, por su ritmo, o por que lo canta una de las voces más carismáticas del rock. Así que tranquilos, que Chris Cornell no abandona el rock, ya que sigue tocando temas de sus anteriores bandas y canciones, y visitando festivales de rock.



Tras infiltrarse en el mundo del techno-soul y hacerlo mejor que la mayoría, ¿cuál será su siguiente paso?



Chris Cornell – Part of Me