El Futuro [CRÍTICA]

El gato, la pareja y el tiempo 
Miranda July vuelve al cine seis años después para firmar otra gran obra personal, profunda, ‘indie’, descarada y original en la que vuelve a hacer de sí misma.
Las relaciones entre los seres humanos es un tema atractivo y preocupante para la directora de El Futuro. Es algo que se ve reflejado en sus cortos, su literatura y en sus dos largometrajes.
A diferencia de su predecesora, Tú, Yo y Todos los Demás (2005), Miranda July se pone en frente a un hombre muy parecido a su protagonista. En su primer film retrataba la dificultad de lograr una relación y en éste cómo engrasar la rueda que hace que una pareja siga bailando junta sobre el concepto de ‘pareja’.
Algo rompe esa rutina de dos treintañeros que viven juntos e infelices con sus trabajos: La adopción de un gato. Como si de un bebé se tratase, Sophie (Miranda July) y Jason (Hamish Linklater) se preparan durante un mes antes de recibir a un animal herido que necesita cuidados intensivos.
A partir de ese momento, los dos experimentan una etapa de crisis y bloqueo de la que no saben como salir mientras que el gato narra la eterna espera de la llegada de sus dueños. Nunca antes July había utilizado el lenguaje abstracto, surrealista y metafórico en la gran pantalla, y se le da de escándalo. Encuentra en esta vía la mejor manera de expresar sentimientos y ofrece tremendas escenas que marcan una obra única y auténtica.
La relación de pareja treintañera en la sociedad actual: Por dentro, por fuera, conectados y desconectados. La bohemia artista americana revela aquí su superpoder: La creatividad. July es una artista con mayúsculas, que vive y muere a diario por el arte, pero que nunca olvida comunicarse con el público. En su nueva obra lo vuelve a hacer y se entierra viva en los devenires de la vida y el tiempo en el terreno más sustancial

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La multi-artista Miranda July pierde su virginidad literal en una obra escandalosamente divertida. Nadie Es Más De Aquí Que Tú es una recopilación de 16 relatos, algunos publicados previamente en prensa, sobre las relaciones humanas, el sexo, lo cómico de lo inmoral y el morbo destapado. Es lo doloroso y divertido de los rituales humanos, las manías, las pasiones y la dependencia.



Un padre explicándole a su hija el arte de masturbarse o dos ancianos teniendo su primera experiencia homosexual son algunos de los temas que flotan en el lago literario que la música-directora-guionista-actriz-performance Miranda July ha llenado para que el lector navegue, se escandalice y se ría de su propia reacción, presentando los retratos de personas de diferente edad y condición pero con algo en común: una dolorosa pasión.



Estas personas que nadan en el primer zambullido de July en el mundo de las letras son altamente sensibles en sus historias. A estos personajes imaginarios les ronda algo en sus cabezas imaginarias que es tan real y visceral que July tenía que escucharles y plasmarlo en su libro.



Por su ‘hilarismo’, por su amor a los pequeños detalles que son los que finalmente definen una sensación o situación, y por sus imprevisibles e impulsivos personajes de internas, profundas pero a la vez rutinarias inseguridades merece la pena pasar un rato por las 218 páginas de este libro de lectura rápida, amena y comiquísima. Sobre todo mientras llega su nueva película: Satisfaction.



En la calidez pulverulenta del cuarto de baño me sentí eufórica. El hecho de encontrarme sola hizo que me desenfrenara. Eché el pestillo y empecé a hacer ante el espejo una serie de gestos involuntarios, barrocos. Me saludaba a mi misma con la mano como una loca y retorcía la cara en medio de expresiones espantosas y hostiles. Me lavé lavé las manos como si fueran las de una niña chica: primero me forté una, después la otra. Experimenté un paroxismo de individualidad. El nombre científico de tal espasmo es el ‘Ultimo Hurra. Aquella sensación pasó enseguida. Me sequé las manos con una toalla azul diminuta y volví al dormitorio.