JAMIE CULLUM, Castillo Sohail de Fuengirola, 04.08.11 [CRÓNICA]

El príncipe y su castillo
Jamie Cullum deleitó, divirtió y conmovió entre las murallas de un castillo que por una noche hizo suyo con su jazz-pop y su arte de versionar.

La larga cola del público empezaba a subir a las 20:45 serpenteando por la colina hacia el alto donde se encuentra el bonito Castillo Sohail. Allí les esperaba su príncipe Jamie Cullum, joven monarca del jazz que salió al escenario con todas sus fuerzas para el deleite de sus seguidores.

I’m All Over it’, ‘Get Your Way’ y la fantástica versión de Sinatra ‘I Get a Kick Out of You’ abrieron el pastel de la noche. También cayeron otros clásicos como los Beattles con ‘Come Together’ e himnos del indie como el ‘High and Dry’ de Radiohead, pero también pop contemporáneo como el de Justin Timberlake, con ‘Cry me a River’, y ‘Don’t Stop the Music’ de Rihanna.

Especializado en versiones pero no encasillado, Cullum también sacaba brillo a sus creaciones, como el genial relato sobre el paso del tiempo y la búsqueda de la felicidad ‘Twentysomething‘, o la soñadora y nostálgica ‘Photograph’.

En el castillo fueron fans, gente local y muchos británicos. También se dejaron ver aquellos que ‘pasaban por allí’ y les prometieron un gran espectáculo de jazz y pop de la mano de un joven ‘show-man’ como es Jamie Cullum. Un público relajado que tardaba en involucrarse con un artista que quemaba bajo los focos.

Pero Cullum consiguió animar y conmover a los más agnósticos. Hasta él mismo se sorprendió de la respuesta del público cuando el británico les retaba a repetir las notas que él cantaba, “¡la hostia!”, exclamaba desde el borde del escenario.

Los virtuosismos y arrebatos del príncipe del jazz y su séquito se iban sucediendo entre las murallas del iluminado castillo. Cullum tocando el piano con el pié, tocando las costillas del piano o saltando desde él. Los solos, o ‘solazos’, del grupo en especial del batería y el contrabajo también fascinaban a los presentes.

Hubo momentos también de tierna intimidad con la romántica ‘What a Difference a Day Made’ que el cantante introducía diciendo, “coger a vuestros acompañantes y enrollaros”. Dicho y hecho, los besos nacían en zigzag en una noche de verano, jazz, pop y ambiente medieval.

Pero faltaba algo. Faltaba ese momento en que la fiesta se rompe y el público decide por fin desafiar un poco a la gravedad. ‘Mixtape’ se ha convertido ya en una obligada del setlist de Cullum, un momento único que rompe con el público saltando y haciéndo  los coros de una canción de formato similar al hit de Codlplay ‘Viva la Vida’.

El príncipe se despedía del castillo de la manera más convencional, cantando sin ningún micrófono ni instrumento, con el único apoyo de sus manos como megáfono, el público aguantando el silencio y la acústica lograda por la fortaleza del siglo X. ‘Gran Torino’, tema de la película con el mismo nombre, fue esa chispa final de cierre desenchufado. Un buen sabor de boca para los paladares que, tranquilos, abandonaban un castillo que se llenó de magia durante más de dos horas.

Setlist

1. I’m All Over it
2. Get your way
3. I Get a Kick Out of You
4. All at Sea
5. If I Ruled the world
6. Come together
7. Twentysomething
8. Don’t Stop the Music
9. Love is a Losing Game
10. Photograph
11. Cry Me a River
12. Mind Trick
13. What a Difference a Day Made
14. I’ve Got a Woman
15. Unison
16. High and dry
17. Mixtape
—–
18.
Wind Cries Mary
19. Gran Torino

Scream [Chris Cornell]

Valiente hijo del grunge



El ex cantante de Soundgarden, Temple of the Dog y Audioslave, se atreve en su tercer disco en solitario a dar un giro violento dirigido al pop, soul y electrónica. Una voz que se pasó el mayor tiempo de su carrera posada en el grunge y hard rock se apasiona cada vez más de las voces negras. Y encima no se le da mal.



Todo en principio parece una broma. El truco está en saber coger el chiste y todo se vuelve adictivo como una droga dura. Para darle una escucha a Scream es bueno ir con esa mentalidad, sobre todo porque la primera fase del álbum es quizás la más radical. Tras una introducción típica de los discos de hip-hop (con una voz robótica que presenta a Chris Cornell) llega Part Of Me, una mezcla entre soul y tecktonik. “That bitch ain’t part of me”…¿Qué hace un padre casado cantando estas cosas cuando ya nos tenía acostumbrado a canciones de amor y paz?. No se asusten aún. Con un soberbio, guitarrero y bordado link entre esta canción y la siguiente, Time, la voz de Cornell pasa por un ritmo reaggetonero, vacilón y gracioso. Sweet Revenge hace que te venga a la cabeza la imagen del video típico de MTV con chicas moviendo el culo a velocidad vertiginosa rodeadas de coches caros. Get Up, más techno-beat-voice.



Entonces cuando llegamos a Ground Zero la cosa se hace más digestiva. Una canción original que podría sonar perfectamente con un grupo de guitarras y batería pero Cornell la transforma junto a Timbaland (productor experto en dar vueltas de tortilla) en un tema donde la voz del americano adquiere un sentido que ahora es más fácil de entender y asimilar. De manera sideral, y siguiendo con las ‘intros’ y ‘outros’ que unen todas las canciones del disco para convertir a Scream en una unidad, Never Far Away regala una canción agradable y perfecta para la nueva voz de Cornell pese a sonidos electrónicos nunca vistos en una canción de este músico. Aún así no deja de ser comercial, igual que Take Me Alive, de sonidos y patrones asiáticos, algo muy típico en las canciones pop de cualquier ‘cantantuflo’ al que le hayan dado licencia para grabar un disco. Una canción que supone poco más que la barrera que separa la mitad del disco.



Long Gone es bonita. Es una canción de una noche playera junto a la hoguera. Un suave balada reaggea-pop que enamora con la voz del señor Cornell. Pero estas canciones cansan rápido. Aún así seguimos con otra balada, Scream, que parece sacada de un disco de Justin Timberlake pero salvada una vez más por la voz del (aún) roquero. El video de este tema lo hemos visto mil veces con artistas de pop y soul, cómodamente predecible. Enemy es otra de esas canciones que en su base es tan buena que aunque no esté rodeada de electrónica verás que su melodía, estructura y la voz se revuelve perfectamente con este tipo de producción. Una de las mejores.



Other Side Of The Town tiene su genialidad en el ritmo, la batería, en lo asquerosamente adictiva que es. Y eso que, una vez más, ya hemos oído este sonido antes en la mayoría de los videos de la MTV. Para cuado llego a Climbing Up The Walls ya he decidido dar una segunda oportunidad al disco, una vez más por su ritmo, la belleza que aporta la voz de Cornell y el que sea una de las que menos alejadas están de a lo que estamos acostumbrados de este artista.



Aunque el broche final, Watch Out, me hizo pensarme esa segunda oportunidad, se la di. Si has llegado a este tema y piensas en darle otra escucha, dásela, porque puede que descubras un buen disco entre tanta broma electrónica, rapera y de Chris Cornell como Michael Jackson a la inversa.



Y aquí estoy, con Chris Cornell, hablando de un disco muy arriesgado pero necesario, ya que desde hace tiempo él quería explorar este tipo de música. Era vital un cambio para este hombre, porque repetir la formula de ‘leyenda del rock retirada’, etiqueta que se auto imponía en su anterior disco, Carry On, sería un error. Otro disco de 15 canciones, en su mayoría baladas de roquero adulto, habría llevado a Cornell a la desesperación y los que le escuchamos al aburrimiento. Scream llama la atención, por su cambio agresivo, por su ritmo, o por que lo canta una de las voces más carismáticas del rock. Así que tranquilos, que Chris Cornell no abandona el rock, ya que sigue tocando temas de sus anteriores bandas y canciones, y visitando festivales de rock.



Tras infiltrarse en el mundo del techno-soul y hacerlo mejor que la mayoría, ¿cuál será su siguiente paso?



Chris Cornell – Part of Me