Rango (2011)

El camaleón del lejano oeste
Un original y divertido western con una revolucionaria técnica de doblaje en el que Johnny Depp es el alma del camaleón Rango, el nuevo icono del cine de animación.
Nunca llegué a entender cómo los reptiles, los animales que más molan después de los dinosaurios, no habían protagonizado una película de Pixar. Ha tenido que llegar Gore Verbinski, el director de Piratas del Caribe 2 y 3, para hacer este film original con lagartos, serpientes y otras fieras del desierto.

Pero como su propio título indica, Rango habla de la historia de un héroe, un camaleón canijo y miedica que se convierte en la leyenda del desierto. Johnny Depp, amante de la figura del anti-héroe y camaleónico como ninguno le pone voz a este bichejo divertido y carismático en un doblaje muy particular: Cuando sus actores grabaron las líneas de sus personajes, hacían una obra de teatro paralela a la película.

Ya no eran un grupo de actores encerrado en un estudio con los cascos puestos y un micrófono gigante en frente, si no que tenían escenario, iban ataviados como los personajes de las películas y recreaban toda la escena. De esta manera se metían más en su personaje y encima se lo pasaban pipa.

Rango es un western de mil y un recursos divertidos y originales con guiños al género. También es un cuento sobre la sequía y el poder de los recursos vitales. Pero sobre todo es la presentación de un personaje único en su especie, Rango, que lo tiene todo: Es el antihéroe torpe, simpático, divertido, un salvador, una caricatura, atractivo para todos los públicos, de gran corazón y ágil en cada una de las escenas. Su alma no podía ser otra que la de Johnny Depp, ese pirata loco que nunca dice no a una gran aventura, cuanto más psicodélica mejor.

The Tourist (2010)

Enamorado del peligro
El divertido personaje de Depp y la mujer fatal de Jolie no cuajan del todo como pareja pero se dejan querer individualmente. Entretenida, sin llegar a peliculón, The Tourist cae en la mayoría de clichés del cine de suspense.
Un simple turista (Johnny Depp) se enamora de una mujer (Angelina Jolie) que se encuentra en grave peligro durante una operación contra la mafia. La historia se desarrolla en la isla de Venecia donde vemos a Depp en pijama y ropas prestadas huyendo de los malos y a Jolie interpretando su papel menos femme fatale de su historial en el cine de acción.
¿He dicho acción? Quería decir amor. ¿Y qué es el amor si no pura acción de vértigo? The Tourist se mueve a un ritmo continuo, con la velocidad justa, como una lancha recorriendo los canales de Venecia y cruzando dos o tres puentes de acción. Pero lo realmente atractivo del film es la historia de amor entre sus protagonistas.
Angelina Jolie, en la Venecia del oscarizado director Florian Henckel Von Donnersmarck (La Vida de los Otros, 2006) es como un anuncio de perfume caro. Bellas luces y reflejos, música orquestada y pasional, lugares de lujo y ensueño hacen que las joyas, labios y ojos de la mujer de Brad Pitt brillen mientras luce más modelitos que nunca.
Frank Tupelo es un simpático personaje, que tiene esa torpeza con la que Johnny Depp hace pasear sus personajes cómicos en el cine, pero sin llegar a la talla de Jack Sparrow o Raoul Duke. Aunque sea en la ficción, se puede ver que Jolie y Depp no cuajan como pareja, dejando a The Tourist como seguramente la primera y última colaboración entre ambos.
Ya reconocido por la Academia, Henckel quería apostar por un cine de gran producción, con los actores más caros y en una de las ciudades más mimadas y amadas del cine. Le ha quedado una película entretenida sin más, lejos de llegar a ser un peliculón, pero quedará como el primer director que logró salir del laboratorio con vida tras lograr combinar la mezcla explosiva de los actores más calientes de los últimos años. 

Alicia en el País de las Maravillas (2010)

Ni Alicia, ni maravillas

Iba para ser la película perfecta de Burton. Ha terminado en un film mediocre. Solamente su novia y su actor fetiche salvan el aprobado. Algún que otro recurso gráfico, cuando no queda cutre, le da un mínimo toque ‘bartoniano’ a una historia prescindible.

Qué Tim Burton ha tirado últimamente de ‘remakes’ y adaptaciones de libros es algo que se le ha perdonado por la genialidad de sus películas y su marcado toque inconfundible, único, gótico y romántico. Con Alicia en el País de la Maravillas tenía a huevo un mundo fantástico y algo psicodélico en el que tumbarse y jugar a placer.

Todo quedaba en familia, con el respaldo de Disney, sus siempre fieles Elena Bonhan Carter y Johnny Depp y una era en la que todo es posible con efectos especiales y el cine 3D. Pero al final no queda ni como una película de Burton ni de Disney. Se queda a caballo entre una película de animación y una resolución cutre de efectos especiales (da cosa ver al personaje de la Sota de Corazones, que no se sabe bien si es medio muñeco medio hombre o un intento fallido de hacerle plano como una carta de póquer).

Poco más de dos expresiones faciales tiene la Alicia de Burton. El director siempre ha apostado por actores de poca fama para el reparto de sus películas y ha descubierto verdadero talento en el proceso, pero la australiana Mia Wasikowska peca de ingenua y no aporta nada a un personaje tan importante.

La historia se cae a trozos. Es un renacimiento aburrido de lo que pasaría después de que Alicia abandonase el País de las Maravillas por primera vez. En esta ocasión vuelve para salvar a los parlanchines animalitos y sus alocados amigos de los malvados planes de la Reina Roja. El camino que traza el guión se pierde en cada bifurcación que encuentra, se enreda a la hora de tomar la decisión de enfocar el film a los que ya conocen la historia o a un público más general, y se pega el gran tropiezo creyendo que los efectos especiales y el reparto servirán de colchón.

El Imaginario del Doctor Parnassus (2009)

El último milagro de Terry Guiliam



Tras los quebraderos de cabeza que le supuso a Terry Gilliam la película (aún en proyecto) The Man Who Killed Don Quixote, el director americano no sabía lo que le esperaba en su próxima película: La muerte de su actor protagonista, Heath Ledger. Nada que la imaginación y la pasión por terminar una película que homenajea al fallecido actor no puedan remediar y lograr un maravilloso resultado.



El Imaginario del Doctor Parnassus es una de las películas más ambiciosas y más sinceras el director. Almacena todo su estilo y potencial imaginario, por lo que la dramática muerte de su protagonista fue salvada de manera épica.



La historia trata sobre un espejo donde la gente puede entrar y ver sus sueños hechos realidad gracias a los poderes del Doctor Parnassus. Pues bien, cuando Ledger falleció, quedaban por grabar las escenas del mundo imaginario ya que, como pasa normalmente, se dejan para el final las escenas que requieren edición informática y efectos especiales. Gilliam contó con la colaboración de Johnny Depp, Jude Law y Colin Farrell para ser los Heath Ledger dentro del mundo imaginario. ¡Voila! Si nadie te dice que Ledger falleció en mitad del rodaje nunca te darías cuenta.



Pero el film no solo son recursos pseudo-mágicos, actores de alto nivel y mundos de fantasía. Es una de esas historias en las que la imaginación y los sueños salvan a los personajes de hundirse en el mundo putrefacto en el que Gilliam suele situarlos. El Doctor Parnassus, el actor Christopher Plummer (Up), recorre varias ciudades con su cabalgata para ofrecer funciones y fascinar al público con su Imaginario. Le acompaña el diminuto actor Verne Troyer (Austin Powers) su hija de extraño atractivo, la actriz y modelo Lily Cole; y Andrew Garfield (Leones por corderos). El reparto de lujo se cierra con los 4 actores que interpretan a Tony, y aunque Colin Farrell sigue sin levantar cabeza, cumple en su papel.



Gilliam busca exprimir toda la imaginación, belleza y fantasía que se puede sacar de un mundo tan real y cruel como puede llegar a ser la vida misma. Desde Las Aventuras del Barón Munchaussen no nos llevaba el director a un viaje tan fascinante, complejo y ambicioso. Una gran producción de caricias visuales, interpretaciones teatrales, y una historia conmovedora.



El director vuelve a los orígenes para colgar en los cines un tipo de película fantástica muy difícil de encontrar hoy en día.



Enemigos Públicos (2009)

Un gran Depp y poco más



Para traer al cine una buena película de tiros y gansters se necesita algo más que uno de los mejores actores del momento. Johnny Depp es el espectáculo de una película poco innovadora, algo sosa y con un guión prototípico. Un film correcto, entretenido, pero pronto olvidado.



Uno de los mejores actores pagados de Hollywood, Johnny Depp, parecía ser la garantía de que Enemigos Públicos se convirtiera en una de las grandes del año. Michael Mann, respetado director en el cine de drama y acción, se atreve con una película de gangsters basada en hechos reales, sobre el famoso ladrón de bancos, el enemigo público de Estados Unidos en los años 30, John Dillinger. Todo parecía ser un nuevo gran paso del director y de actores cómo el comprometido Christian Bale o el siempre sorprendente Johnny Depp, pero se queda en una película más de mafias y gansters, y si no fuera por el propio Depp, la película sería olvidada al instante.



El guión es predecible, no sale del patrón de este tipo de películas. Ofrece las escenas típicas de tiros, escapadas, muertes, traiciones y otros dramas sin aprovechar ninguna de ellas para estremecer a la audiencia. En una película de más de dos horas, las escenas se despachan de manera rápida, queriendo pasar a la siguiente donde, sorpresa, vuelven a pasar cosas que ya hemos visto mil veces en este género.



Es en películas como estas, basadas en la historia de un personaje que destacó en la historia de un país, donde más original, atrevido y experimental hay que ponerse para que la película no se quede en una cómoda versión cinematográfica de los hechos. Pues pocos detalles de este tipo ofrece Enemigos Públicos, sobre todo por el bombo que le han dado y dada la buena reputación de los responsables de llevar a esta obra a lo más alto.



La película es Johnny Depp, lo demás es una plantilla del cine negro, una historia basada en el libro escrito por Brian Burrough: Public Enemies: America’s Greatest Crime Wave and the Birth of the FBI, 1933-43’. Vamos, ¿qué ha hecho Michael Mann para sacar adelante esta película?

Nada.