Transformers: El Lado Oscuro de la Luna

La acción más caliente del verano

La acción tarda mucho en llegar pero cuando llega pega fuerte. Se echa en falta a Megan Fox.
Bólidos, bestias robotizadas, tías buenas, tiros, músculo y explosiones. Vale, Transformers es una peli de tíos. La tercera entrega de la saga trae junto con el paquete de acción una historia que nos lleva al primer viaje del hombre a la luna y la Guerra Fría.
Hay más carisma robótico que humano. De nuevo el elenco de actores se agacha en la película para dar paso a los mastodónticos robots alienígenas. Ni Shia Labeouf en el papel de jovenzuelo héroe de turno, tampoco Josh Duhamel encasillado como agente del gobierno y ni siquiera la ‘chica Transformers’ llegan a la suela del zapato a los verdaderos protagonistas mecanizados.
La colaboración especial de John Malkovich y el chiste de John Turturro le dan una gracia a un film que se pasa en dar explicaciones, la burocracia, los preliminares y por ello tarda mucho en llegar a la acción frenética. La batalla definitiva entre los Autobots y Decepticons tarda en aterrizar en combate, pero los impactantes efectos especiales terminan regalando escenas como las protagonizadas por Shockwave, el robot encargado de dar espectáculo en las escenas más impresionantes de la cinta.
Tras perder a la galáctica Megan Fox en lo que creyó Steven Spielberg que fue un movimiento inteligente, la tercera parte de Transformers pierde un arma secreta de gran importancia. Rosie Huntington Whiteley, galardonada como la mujer más sexy del momento según la revista Maxim, no es más que una versión sin gracia de Cameron Díaz.
Tensión, nervios, conversaciones a voces, destrucción material… La película es un caldo que se va cociendo en un hornillo hasta que por fin cocina una guerra donde vemos lo que la gente espera para convertir Transformers 3 en un ‘taquillazo’ del verano: La infatigable lucha por la supervivencia entre los robots más queridos del mundo del entretenimiento en los últimos 30 años. 

RED (2010)

Crisis de la mediana edad
Película de videoclub y pizza. Una comedia de acción con héroes de mediana edad inspirada en el cómic de Warren Ellis. Lo mejor es John Malkovich.
La estructura es simple. Se trata de una historia de agentes de la CIA retirados que viven una vida tranquila y monótona hasta que empiezan las explosiones y persecuciones por todo el país. Pero en esta ocasión no es que sean llamados a las armas por su patria, si no que más bien son perseguidos por su propia nación que les ve como un estorbo.
Tenemos al tipo duro con corazón sensible, Bruce Willis, el abuelo entrañable y viejo verde Morgan Freeman y el paranoico y siempre irreducible John Malkovich. Los tres entraran en el meollo del asunto con una acompañante, el nuevo ‘ligue’ del personaje de Willis.
La broma está en el elenco de actores, todos ellos cercanos si no metidos en la mediana edad. Viejas leyendas del cine que pegan petardazos, golpes en la nuca y aguantan todo tipo de golpes amenizando y calentando la dinámica con alguna que otra frase divertida.
Sin duda el más divertido es el personaje de John Malkovich y su cara de loco paranoico anti-sistema. Él ejecuta las mejores bromas del film y alguno de los momentos más burros. Pero el elenco de actores de RED no se queda corto. Aparte de las tres leyendas del cine que protagonizan el film, el ‘cast’ cuenta con nombres como Mary-Louise Parker, protagonista de la exitosa serie Weeds; la ‘galardonadísima’ Hellen Mirren; y el ‘shakesperiano’ Brian Cox.
RED es una adaptación del cómic, pero bien podría ser una película de espías sin más. No hay rastros de novela gráfica, es simplemente una película de acción en la que unas melodías de pianos y cuerdas juguetonas anuncian cada una de las escenas cómicas. El resto es una trama de espionaje, corrupción, viajes por el país y algún que otro romance intermitente. 

El Intercambio (2008)

La perseverancia de una madre

Clint Eastwood se marca otra gran película profundamente dramática y lo que es más delicado, basado en una historia real. Angelina Jolie logra algo más que una apuesta fuerte para ser premiada en los Oscar: superar un reto personal y subir un escalón profesional.

El señor Eastwood, ese tipo duro criado en westerns y pistoleros, se ha convertido a si mismo en una figura referente a la hora de dirigir películas con un fuerte mensaje dramático. Conducida mediante la mecánica de un thriller propio de un maestro cineasta, El Intercambio (Changeling) cuenta la historia de Christine Collins (Angelina Jolie), una mujer que busca desesperadamente a su hijo desaparecido en Los Ángeles. La agonía no está en la tragedia de una madre que pierde a su hijo, si no en la encerrona que la policía corrupta de la ciudad le crea a Collins para limpiar su mala imagen. Para ello le entregan un niño vagabundo haciendo pensar a todo el mundo que es su hijo aunque ella lo niegue.



Al rescate están los que conocían a su hijo verdadero y sobre todo Gustav Briegleb (John Malkovich) un reverendo que utiliza su influencia mediática para sacar a la luz los trapos sucios del departamento de policía. Con todo ello, Collins no deja de sufrir innumerables injusticias durante la práctica totalidad del film, surgidas principalmente por perjudicar a la policía y por su condición de mujer.



Como ya venía dicho al comienzo, el film pertenece al género del thriller, pero sería injusto destapar aquí los giros argumentativos que Eastwood acostumbra a dar en sus películas para que una cinta de casi dos horas y media no se convierta en una repetición o en un exceso de lágrimas, si no en una búsqueda y agonía del espectador en encontrar la solución del misterio, una sensación adictiva que pocos cineastas sacan de su público.



Los actores que participan en este proyecto saben que trabajan para una gran producción, una película con hambre de premios, reconocimiento, y sobre todo de hacer llegar un mensaje muy delicado y frágil. Pero quien se lleva la palma, como de costumbre, es la actriz principal. Jolie consigue enfrentarse al terror de la pérdida de un hijo y la injusticia en su papel como Christine Collins. No es un rol de constantes apariciones, ni de amplios diálogos, ni siquiera de exageradas expresividades. Jolie ha conseguido expresar mucho en poco espacio: primeros planos, gestos minúsculos, gran cantidad de sentimientos recogidos en una expresión facial o corporal, etc. La actriz parece estar realizando más su papel en su interior que en el exterior, buscando así una agonía casi real para así evitar la sobre actuación y simplemente mostrar en un breve gesto de su rostro la explosión de sensaciones con las que se debate en su interior.

Este es de los papeles que cambian a una actriz, y aunque Jolie ya era una de las grandes, resulta confortable verla de nuevo en este género teniendo en cuenta que venía de hacer una película de tiros. Pero, insisto, no es la repetición de su papel en Un Corazón Invencible, donde también busca a alguien muy cercano que ha desaparecido en extrañas circunstancias. El amor y dolor de madre no es el mismo que el de una esposa, y Jolie ha dejado clara esa diferencia con estas dos grandes películas.