Don Jon [CRÍTICA]

Cuando un actor indie coge las pesas

Joseph Gordon-Levitt se apunta a la lista de iconos del indie que  han parodiado a un macarra en una historia que comienza en una erección pero termina con un coitus interruptus

Otros príncipes del cine inde como Ryan Gosling con Crazy, Stupid, Love o James Franco con Spring Breakers ya habían pasado por el gimnasio y la maquinilla de afeitar para dar vida a personajes que se alejaban de la tierna decadencia de sus anteriores papeles.

Gordon-Levitt no se queda atrás y fabrica una parodia de los macarras de Jersey Shore interpretado, escrito, dirigido y posado por sí mismo. Un hamster de gimnasio al que lo que más le importa es sacudirse la banana viendo pornografía hasta que conoce a Scarlett-tetazas-Johansson y se enamora perdidamente.

El film promete mucho al principio con los retratos de su protagonista y el resto del reparto, pero se desinfla con el paso de los minutos. Quizás Gordon-Levitt enfocó esta película desde un punto de vista de actor y director de cortometrajes, ya que se concentra en los personajes y se olvida de la trama, y demuestra que esto de los largometrajes se le queda demasiado largo, terminando el film como si fuera el final de un episodio piloto.

Catalogada de tragicomedia romántica, de comedia tiene los aciertos en la parodia de sus personajes; de romántica el quiero y no puedo de un personaje musculado con corazón de león; y de tragedia algunas situaciones efervescentes que parecen metidos en el guión por obligación moral.

No es una comedia gamberra y obscena. Tampoco una historia trágica sobre el patetismo de un personaje egocéntrico y machista. Ni tan siquiera una historia empalagosa disfrazada con cuerpos esculturales. Es una paja sin placer final con un protagonista que arranca con mucho músculo pero que se pierde en el laberinto de la neurona.

Estreno en España el jueves 31 de octubre.

Howl: La Voz de una Generación

El aullido contemporáneo
La intencionalidad del film parece más bien didáctica, un documento con el que explorar la poesía y las visionarias mentes contemporáneas del siglo XX. Pero es gracias al trabajo de Franco que la película entretiene y cautiva.
La pareja de directores Rob Epstein y Jeffrey Friedman plasman su especialidad en el cine documental con una película que se divide en tres porciones: La parte de la entrevista con el poeta Allen Ginsberg interpretado por James Franco, el juicio contra el poema Howl, y la adaptación animada del las líneas de aquel escrito.
A pesar de que entremedias de la receta rellenan el minutaje con flashbacks en blanco y negro de la vida privada y recitales de Ginsberg, falta narrativa en esta sopa que mezcla géneros como el documental, el cine de animación y la entrevista. La estructura se desborda antes de que su esencia se cocine y termina dejando un sabor a producto crudo.
La interpretación de James Franco es sublime hasta el punto de olvidarnos de quién es el actor y solamente ver al poeta: Allen Ginsberg, el referente de la poesía ‘beat’ estadounidense que supuso junto con su poema Howl el nacimiento de la Contracultura en el siglo XX.
Los que hayan visto Mi nombre es Harvey Milk (Gus Van Sant, 2008) podrán ver a priori similitudes en este film: Un hombre homosexual que lo cambió una cultura y sociedad que además es interpretado por James Franco, quien ya jugara un papel importante con Sean Penn en la biopic de Milk. Pero el tipo de película es totalmente diferente. Es una recopilación de recortes, entrevistas, historias con el poema como eje principal.
El recurso de crear escenas animadas (de calidad y estética bastante desfasadas y vacías) para poner una imagen al poema Howl es queda inválido e innecesario y ocupa demasiados minutos en una película interesante tanto para los que aman la poesía y el trabajo de Ginsberg como los que quieren entender a un artista que no hace otra cosa que expresarse sobre la vida, sentimientos y temores con los que cualquier mortal puede verse reflejado en un texto como la poesía. 

127 Horas (2010)

Cómo desaparecer entre rocas y encontrarse a sí mismo
Una obra maestra basada en la historia real de un chico que queda atrapado en un cañón durante más de cinco días. Sorprende, conmueve, divierte e impacta con una realización que roza la perfección. Franco se reafirma como el mejor de su generación.
Aaron Rastlon, amante del montañismo, decide experimentar una aventura en solitario por un cañón en el que queda atrapado por accidente. A partir de este instante, el oscarizado Danny Boyle cuenta con uno de los mejores actores del momento, James Franco, para narrar una historia que enganche durante hora y media.
Lo consigue. ‘127 horas’ es una película muy física, de no estar quieto en el asiento, pero que aún así busca más entretener que desmayar a su público (aunque esto último también lo haya conseguido). Boyle utiliza los recursos de flashback y alucinaciones con una creatividad sublime que roza la perfección tras una impecable post producción
No es drama, no es comedia, no es documental. Lo es todo. ¿Cómo te puedes tomar que te hayas quedado atrapado mientras una enorme roca aplasta tu brazo inmóvil? Desesperado, maníaco depresivo, calmado, impotente, valiente, infantil, responsable… Todas estas caretas pasan por el rostro de Franco a una velocidad tan rápida como las sensaciones que plasma. Es sin duda uno de los mejores, ningún actor ha tenido un crecimiento tan holgado en los últimos 10 años como este joven actor. Este 2011 será un gran momento para Franco, por sus películas y por la oportunidad de presentar los premios Oscar.
No hay ni una escena prescindible en todo el film. Te sorprende en cada momento, hasta engancharte con el protagonista en la misma roca. Por desgracia, debido a una mala labor informativa, no dejan de circular ‘spoilers’ acerca de la trama y su final. No todos saben que es un hecho real, y aunque así lo fuera, no porque sepamos qué sucede con el personaje real significa que queramos saber qué y cómo se narra la película antes de verla.
Tiene escenas duras, propias de la a veces falta de escrúpulos del británico Boyle, pero es un dolor que precede a una belleza inmensa. No hay ‘peros’ para esta gran película, solamente mis mejores deseos, aunque escépticos, para la gala de los Oscar que les espera a la vuelta de la esquina.
Estreno en España: Viernes 4 de febrero. 

Noche Loca (2010)

Matrimonio a prueba de balas



Comedia de acción absurda que saca los trapos sucios de las relaciones de pareja para luego limpiarlos con momentos heroicos, gags y astucia exagerada.



Un matrimonio acomodado en Nueva Jersey está a punto de acabar violentamente con su monotonía. Debido a un mal entendido, son confundidos por unos estafadores y perseguidos por individuos de la mafia. En su nocturna huída cuentan con la ayuda de un experto en seguridad nacional (Mark Wahlberg) y de un estafador desaliñado (James Franco). Hasta se puede ver a un Ray Liotta haciendo de malo malísimo con una cara que parece más un muñeco de cera que un actor entrado en años.



Llama la atención que Steve Carell se parece cada vez más al Ben Stiller de los últimos años, con un gesto cómico cada vez más cercano a lo caduco y monótono. Quizás sea porque Shawn Levy, director de la saga Una Noche en el Museo, esté tan acostumbrado a Stiller que no ha podido evitar conducir a Carell como si se tratasen del mismo actor.



Por su parte, Lina Fey es un poco como Jaime Lee Curtis en Mentiras Arriesgadas pero con menos carácter. A falta de un mayor número de puntos cómicos o una poco más que suficiente interpretación, esta pareja no termina de enamorar.



Noche Loca es una película más para meter en el catálogo de típica comedia estadounidense. Los gags de siempre, el picantón de siempre y el mensaje de siempre. El director está acostumbrado a rescatar matrimonios por todos los medios (Recién Casados, 2003; Doce Fuera de Casa, 2003), y termina creando producciones comestibles para un público que busca pasar un rato de risas en el cine. Por desgracia no ha logrado innovar y esta película queda lejos de estar entre sus tres mejores en una filmografía de siete largometrajes.