Las verbenas de mi pueblo

Todos los años lo mismo. Cada lustro por estas fechas se celebran las Fiestas del Corpus y para mi pueblo sin las más importantes del año.
Son las noches en las que uno se debate entre dos alternativas a la hora de irse a la cama a dormir: Morir de calor o entrar en el mundo de los sueños bajo la tutela del reggaeton y la pachanga. Decido salvar mi salud física por encima de la mental y dejo abierta la ventana toda la noche.
No es un volumen atronador, más bien un eco en la distancia, lo suficiente para transportarme a la escena del crimen. ¿Qué experiencia supone vivir algunos de los momentos más inolvidables de tu vida mientras ‘Paquito el Chocolatero’ ensordece la escena?
El primer beso, la primera pelea enfurecida, el primer cubata, el día que cambiaste de amigos, el mayor record de bostezos por minuto, la mayor cantidad de mensajes de texto enviada por un teléfono móvil. Las cosas suceden y la música pasa a un tercer plano, rezagada, pero nunca olvidada.
Pasarán los años y Juan Luis Guerra te sabrá a beso, King Africa a sangre, Elvis Crespo a garrafón, Sergio Mendes a sudor y SBS a polvo (polvo de tierra, ¿eh?).
Es el insuperable género de la canción del verano. Ese que pone a viejas y adolescentes a bailar juntos y se pegan como coca cola seca en las pieles de un CD, un casete o un reproductor MP3.
Ésta noche volverá. Superada la resaca y superados los moratones, la carpa volverá a recibir a aquellos que no han tenido suficiente o simplemente quieren mostrar su careto a la reducida sociedad de un pequeño municipio. Es el poder decir ‘yo he estado’, año tras año, en una celebración que pone a prueba tus sentidos y tu paciencia para finalmente tatuarte en el coco un recuerdo que renacerá cada vez que alguien ponga en una boda, una fiesta o una verbena esos ‘clásicos de siempre’ y te sorprendas echando espuma por la boca y soltando frases satánicas como: “Aserejé ja de jé de jebe tu de jebere seibiunouva majavi an de bugui an de buididípi”

Regalamos entradas

El pasado jueves, un amigo mío y yo fuimos al cine a ver la última de nuestro particular hermano mayor del cine: Adam Sandler. Es cierto que un jueves no es el día más idóneo quizás para ir al cine, ya que está entre el miércoles, día del espectador, y el viernes, día de estrenos; así que las películas son las mismas, al mismo precio de siempre y las salas están vacías. Pero teníamos nuestra razón: teníamos en nuestro poder entradas gratis, y lo gratis, efectivamente, tiene mucho poder.



El caso es que teníamos demasiadas y solo valían para ese día y el lunes 30 de abril, por lo que decidimos hacer algo con las 7 restantes. Nos plantamos en la puerta del cine cual camellos a esperar a aquellos que se decidían a entrar o los que miran los carteles de fuera diciendo cosas como: “es que no sé, realmente no hay ninguna que me encante”.



Los primeros fueron una pareja de mediana edad, que agarrados y contentos iban a ver su película. –¿Pero en serio? ¿No es una broma ni nada?- decía la risueña mujer. A la salida de las taquillas su sonrisa era aún mayor –Oye que era cierto ¿eh?, ¡muchas gracias!, ¿Os invitamos a un café, una cerveza o algo?-. Pura simpatía.



Lo malo es que regalar algo gratis crea a veces desconfianza, y entonces la situación de ‘camellos del cine’ resulta un poco más violenta. Unos tenían ya su entrada, otros miraban las películas que ponían pero no querían entrar… Hasta que dimos con un grupo de dos chicos y una chica. La chica se mostraba muy interesada (¡le estaban regalando una entrada para la película que quiera a la sesión que quiera!) pero los hombres nos miraban con recelo. Uno de ellos, según dábamos nuestra explicación, iba formulando palabras, aunque algo faltas de confianza, como ‘vale…’, ‘perfecto…’. Aunque el otro aún mantenía una expresión seria, al terminar nuestro testimonio, dar los tickets y despedirnos, esbozó una gran sonrisa y formuló expresiones de agradecimiento.



Ya sólo nos quedaba una entrada y nuestra película estaba a punto de empezar. En el último instante cazamos a otra pareja de mediana edad. El hombre ganó el premio al más desconfiado de la noche, pero claro, lo gratis es gratis, no arriesgas nada, no era como pagar a mitad de precio o algo así. Así que el señor la agarró, soltó un protocolario “pues muchas gracias” y tiró para la zona de las taquillas.



Vimos la película y nos gustó. Nos volvimos a sentir como unos niños que respiran fantasía, nos reímos con nuestro hermano cachondo Adam Sandler y nos llevamos el recuerdo de la anécdota y la sonrisa después de regalar 7 entradas en un cine. Y digo yo, ahora con la crisis y todo esto, para ‘activar la economía’ y alejar al público de la piratería, ¿No deberían los propios cines plantar a alguien a pie de calle un día al mes y regalar algunas entradas? Mi amigo y yo conseguimos estas entradas para el Yelmo Cineplex del Tres Aguas pero de una manera indirecta, no es lo mismo. Nos ofrecemos para este trabajo a cambio de un disfraz de pollo y otro de mapache.



Adam Sandler: “Gratiiiiiiiiiiiiiiis”

El Chikilicutre

Aunque este espacio esta dedicado a hablar de música o al menos sus derivados, hoy haré una excepción, hoy hablaré de Eurovisión.
La gente esta sorprendida que el tal Chiklicutre haya salido elegido por las ovejas que votaron por sms, internet…etc el pasado fin de semana, de manera que este humorista pueda promocionarse a nivel europeo mientras su padrino, Buenafuente, se frota las manos. Para mi no es sorpresa alguna. En un concurso en el que prima el gran poder de las grandes cadenas televisivas, así como un poquito de nacionalismo de aquí y allá, ¿Cómo va a resultar descabellado que se haya convertido, aún más, en un circo de idiotas que quieren salir en la tele y encima reírse de todos los allí presentes (los que aún creen que el concurso es algo serio)? El Chikilicutre es la representación perfecta de un país que tiene al Papito en sus número uno. La música cada vez se está convirtiendo en algo más de genero “usar y tirar”, algo con lo que divertirse y luego no me acuerdo. Cada vez son más escasos los melomanos, menos las tiendas de discos, más selectos los festivales (por su alto precio); y prima más la música de entretenimiento, la pachanga, la “ponme la 5 que es la que me mola”, sin mencionar la incultura musical que cada vez se va comiendo los iPod de nuestros compatriotas.
Por lo tanto, un óle! a ese candidato que se va a Europa del Este a ver banderitas y a hacer el ridículo sin tenerlo, porque amigo tu eres España, tu eres el reflejo musical de la masa que ha colocado a la música en un quinto plano (y bajando). Por fin se muestra, y no se pretende, como pasaba con los triunfitos imitadores de Luis Miguel y Witney Huston, que querían meter al género karaoke en algo más que puro ocio entre amiguetes.
No colgaré foto del Chikilicutre por razones de limpieza y no querer promocionar sin ver un duro. Disfruten de la ceremonia sus señoras las ovejas, a los demás, nos vemos en los festivales.