Aquiles y la Tortuga (2008)

Takeshi no falla



Takeshi Kitano vuelve a firmar otra obra de un gran potencial imaginativo, crudeza y humor negro, alejándose en esta ocasión del humor absurdo que abunda en sus últimos trabajos.



El genio japonés profundiza sobre el Arte contándonos la historia de Machisu, un pintor que lucha por dar a conocer su arte pero que siempre va un paso atrasado frente al arte popular de cada época en la que vive. El film forma un remolino de inspiración, perseverancia, fracaso y pasión… y se mueve con esa carga dramática y cruel característica de Kitano, quien interpreta a Machisu cuando alcanza la mediana edad.



Visualmente es un cuadro de imágenes con un fuerte contraste, donde Kitano juega con la técnica de remarcar el color, las pinturas y en definitiva todo lo que esté lleno de color, frente a las personas, esas almas que tanto desentonan con el arte en algunas ocasiones y lejos parecen estar de entenderlo como tal. La música viene de la delicada Auki Kajiura, una compositora especializada en adaptaciones de manga y anime para series y películas. Una gran aportación que endulza y congela la belleza del film para poder apreciarla con todo su color.



Aquiles y la tortuga es una biografía de un pintor ficticio pero lleva un mensaje personal de Kitano. Diría que el laureado director japonés se identifica con su personaje en el sentido de que si crees en tu arte personal y sigues luchando por él y aprendiendo, llegas a alcanzar unas metas, ya sean relacionadas con el arte o no, que sería imposible lograr si no eres tú mismo y te aferras a lo que te gusta hacer.



Drama, dulzura, humor, amor, una interminable imaginación, un chiste sobre las personas para las personas, la relatividad del arte, la vida y la muerte. Este es el menú de Aquiles y la Tortuga, otra estrella en el palmarés de Kitano.




Milk (2008)



Un Sean Penn absoluto en buenas manos


Cuando una película cuenta con un gran reparto es una película interesante. Cuando el reparto esta dirigido por alguien como Gus Van Sant, y la película trata el drama de una minoría social como los homosexuales, es un Oscar en potencia.


Las últimas películas del señor Penn han sido de carácter puramente político (El Asesinato de Richard Nixon, El Interprete y Todos los Hombres del Rey, en la que ya ejercía como gobernador de Luisiana ). Ahora en Milk vuelve a ser ese político revolucionario basado en hechos reales, donde encarna a Harvey Milk, el primer gay reconocido elegido para un cargo oficial en California como Concejal del Distrito de San Francisco. Aquí, uno de los grandes como es Penn, tenía que dar la talla y dejar una marca profunda en el cine, y el director Gus Van Sant no tenía menor ambición que esa.


Penn ya venía preparado políticamente, ya que recicla algunos elementos de su interpretación en Todos los Hombres del Rey, algo que se puede ver en sus discursos en público, su gesticulación, el trato con sus seguidores…etc; aunque la gran diferencia entre estas dos películas es que la anterior es densa y esta mantiene los ojos pegados a la pantalla gracias a una creativa imaginación del director. Penn encaja a la perfección en el papel pero no lo hace peor el reparto que le rodea, destacando a James Franco como la pareja de Milk, un actor de reparto con una actuación y conexión con el actor protagonista impecable.



Llegados a este punto hay que hablar de la manera en que Van Sant muestra los momentos de placer e intimidad de los homosexuales en la película. Ni se corta ni se pasa. Es como una película cualquiera de amantes, son escenas que hemos visto mil veces en Hollywood entre un hombre y una mujer pero con el añadido de que hablamos de parejas gays, algo que le chocará solo a aquel que le choque la realidad de que los homosexuales tengan relaciones sexuales y afectivas. Es más, los actores en ningún momento muestran algún mínimo gesto de timidez, tapujo o escándalo a la hora de ponerse cariñosos con un actor 20 años mayor que ellos como es Penn. No se esperaba menos profesionalidad.



Gus Van Sant pinta un film con muchos matices, técnicas audiovisuales y logra crear esa sensación de miedo y represión que viven los protagonistas en la película, haciéndonos formar parte de la minoría castigada. El director norteamericano es un experto en retratar la decadencia de sus personajes (los últimos días de Kurt Cobain en Last Days, las últimas horas de los estudiantes de Elephant, o el acorralamiento del skater adolescente de Paranoid Park). Además, para lograr una mayor sensación de realismo (sin olvidar que estamos hablando de una gran producción hollywodiense), en la película aparecen imágenes reales del movimiento gay de Harvey Milk, las revueltas, las marchas multitudinarias, la represión…etc.



Un drama político sobre un colectivo reprimido que a diferencia de lo que ocurre con raza y el color (a no ser que seas Michael Jackson) los gays tienen la ‘desgracia’ de poder ocultarse. Harvey Milk es la muestra de que la represión sigue latente y con gran fuerza, pero este largometraje vuelve a tocar con sus nudillos a todos aquellos armarios que no han terminado de abrirse a la busqueda de derechos humanos.

Felices Fiestas

Million Miles of Music os quiere desear lo mejor para estos últimos días de 2008 y que sirvan para un gran comienzo del próximo año. Que estén cargados de música, cine, literatura… y todas esas cosas de reducido tamaño pero con un gran poder para alegrarnos el día, dar luz verde a nuestra inspiración, unir a las personas o incluso ayudarnos a ver las cosas con otro prisma.

Ahora sube el volumen.

Prospekt’s March [Coldplay]


Viva la Vida +



Coldplay lanza un EP que demuestra lo satisfactorias que fueron las sesiones de grabación con el productor Brian Eno para el album Viva la Vida. Esta expansión es un verdadero homenaje al último álbum de Coldplay.



Hay grupos que son tan creativos durante cierta era que tras grabar un album, las canciones que no entran en la lista de lujo van a parar a caras b de singles o EPs que no tienen nada que envidiar a las que habitan en el

LP. Este es el caso de Coldplay, un grupo al que cuando graba un disco sus componentes dan lo máximo, como si ese disco fuera el último y definitivo de su carrera.

Este es el resultado de su explosión de inspiración. Prospekt’s March esta compuesto por todas esas grandes canciones que no entraron en la lista de convocados para Viva la Vida por no ir con la tónica del disco. Y que mejor manera que empezar el EP con una versión extendida y cantada de Life In Technicolor. Este tema es un homenaje a los fans, un tributo al Viva la Vida y uno de los mejores temas del disco. Tras Life In Technicolor II escuchamos una bella y delicada pieza a piano, Postcards From Far Away, que Chris Martin tocaba de vez en cuando en la última gira. Nada que ver tiene el tercer tema del CD, Glass Of Water, un tema de un ritmo suave pero rápido que explota en un estribillo de pesado bajo, batería, piano, y una voz de Martin que aumenta aun más la intensidad. Realmente espectacular, perfecta para tocarla en vivo.

Rainy Day es todo menos una canción gris y triste. Esta juguetona y divertida canción, si fuera una banda sonora, valdría para una serie de Disnney Channel durante los primeros 30 segundos, para la película Juno tras el primer minuto, y una comedia de amor birtanica durante su estribillo de instrumentos de cuerda tocados por una sinfonica londinenese y la voz característica de Martin. La más original del EP.

Prospekt’s March/Poppyfields se abre con una acustica que Martin apenas roza y una voz calmada y melódica, similar a A Rush Of Blood To The Head. Sucesivamente se integra un sonido limpio de guitarra eléctrica que sube el nivel de preciosismo a la canción, que junto a los sintetizadores, bajo y una voz cada vez más sentida hace que esta canción se convierta en el rubí de este EP, una autentica maravilla.

Lost+ es la canción innecesaria en el disco. Parece ser una especie de favor que Chris Martin le debía a Jay Z. La canción es la Lost! que conocemos del Viva la Vida or Death and All His Friends, pero que durante el puente de la canción, como si se tratase de un corta y pega, aparece el rapero con más labios que cara fastidiando la canción con una rima vaga y escasa que estropeando la canción. Es un verdadero ‘¿Por qué hace esto Coldplay?’, algo que no entraba en los planes del album pero se tuvo que quedar también fuera de la convocatoria de Prospekt’s March.

Acto seguido, se incluye otro tema que no es tampoco necesario para el CD, pero que siempre se agradece. Se trata de Lovers In Japan (Osaka Sun Mix), que no es más que la canción original del disco pero con algunos retoques apenas perceptibles. Esta es la versión utilizada para el vídeo clip de Lovers In Japan y la que esta incluida en su single. Aunque no sea nada nuevo realmente, siempre es de agradecer escuchar uno de los mejores temas del último álbum de Coldplay, y uno de los más sonados en su gira. Una vez más: homenaje a los fans y al Viva la Vida.

El cierre de Prospekt’s… lo pone Now My Feet Won’T Touch The Ground, una canción similar a la que Coldplay compuso para que Johnny Cash la cantase, Til Kingdome Come. La diferencia está en que sabe más a Viva la Vida por los efectos de fondo (percusión hindú, sintetizadores) y prescinde de la harmónica que daba un carácter de country a la que es el tema oculto en X&Y.

La banda avanzó que para finales del próximo año ya saldrían con nuevo disco. Esta voluntad de querer sacar discos en poco tiempo como lo hicieran los Beattles cambiará el modus operandi de Coldplay, y la diferencia entre discos no será tan notable. Eso dando por hecho que cumplirán con la promesa del año que viene, aunque de momento con Prospekt’s March han cumplido, aunque es cierto que este EP ya lo tenían hecho y metido en la nevera.

The Fabled City [Tom Morello]


Más ‘Power Morello’



Tom Morello, ex guitarrista de súper bandas como Rage Against the Machine y la extinguida Audioslave, saca su segunda apuesta en solitario en un álbum con más energía, elaboración, colaboraciones. Letras políticas y melodías que van de la épica a la crítica, de naturaleza descriptiva y de protesta.



Es muy común que cuando un guitarrista se embarca en un disco en solitario no suene para nada como la/s banda/s para las que compone y actúa. El caso de Tom Morello no fue distinto, ya que con su primer disco “One Man Revolution” dejó claro que empezaba desde cero con un carácter músical completamente personalizado, hasta el punto de que se puso un mote, “The Nightwatchman”, para así desvincularse de las referencias con sus anteriores bandas.

Ahora Tom Morello, el reconocido como uno de los 20 mejores guitarristas del mundo por la revista Rolling Stone y ganador de un Grammy, vuelve con lavado de cara y volviendo a su configuración de banda. Para empezar, ya no es solo The Nightwatchman, sino “Tom Morello The Nightwatchman”, porque lo quiera él o no, su nombre tiene un peso de oro en el catálogo musical. Lo segundo ha sido rodearse de colaboradores como Serj Tankian (esa impresionante voz de System of a Down) y el cantante country Shooter Jennings. Ya solo faltaba un disco con más instrumentalización, con más singles potenciales, cogiendo lo mejor de su pasado como guitarra principal, y mezclarlo todo para preparar este The Fabled City.

El tema que abre, con el mismo nombre que el disco, es una carta de presentación claramente escrita ya que muestra ese carácter de Morello de letras sociopolíticas, guitarra acústica de ritmo constante y recursos como el piano, metalófono, o su ya conocido “Hep!” que se ha convertido en su “ole!” particular durante sus piezas. Pero la que realmente conlleva ese peso de “Power Morello” en este álbum es la característica Whatever It Takes, palabras que el americano lleva escritas en la madera de su acústica. Con la ayuda de Anne Preven, una compositora californiana y ex vocalista de el grupo Ednaswap, ha logrado inyectar una gran dosis de poderío en su segundo trabajo. Es casi imposible meter en un solo hombre la energía de Audioslave y Rage Against the Machine, pero Morello logra en este segundo tema recordar quien es él, de donde viene y por qué le conocemos y admiramos. La acústica no abandona a Morello en la tercera canción, The King Of Hell, donde además cuenta con una producción exquisita con sonidos dulcificados de guitarra eléctrica y piano, un interesante contraste junto a la voz grave del artista de New York. La línea suave de esta canción converge en la siguiente, Night Falls, donde escuchamos a un irreconocible Morello en una canción dulzona, romántica, amistosa y preciosista por su piano, violonchelo, guitarra tímida y rasgada donde la voz se aparece como casi un susurro y en la que todo se convierte en una agradable melodía.

La energía y el ritmo constante guiado por la acústica de ‘Power Morello’ reaparecen sin retraso en The Lights Are On In Spidertown, donde la épica se hace cargo en la música del compositor. Pero como buen disco de contrastes que es, rápidamente recae en Midnight In The City Of Destruction, donde The Nightwatchman reaparece como un perro herido que vuelve del desierto, con solamente su guitarra y su voz. Pero Morello cree en una salvación tras la perseverancia por la busca de la libertad, y es entonces cuando aparece Saint Isabelle, un empuje épico de ánimo y protección hacia tus amigos y amados ante los baches de la vida. Batería, guitarra, armónica… este séptimo tema del un chorro del ‘Power Morello’ que más brilla en este álbum.

Llega la hora de las colaboraciones. Con Lazarus On Down, Tom Morello dirige una bella canción de arpegios de guitarra, acordes de piano intermitentes y violonchelo. Para mayor deleite, esta cuenta con la voz de System Of a Down de fondo, altamente melódica y sensibilizada, un lujo de colaboración. Le procede una de esas canciones ‘enlace’ que algunos discos tienen (que no interludios) donde el artista cuela un tema que contiene la personalidad del álbum, es de buena calidad pero no de las mejores, y de paso enlaza hacia los últimos dos temas del disco. Su nombre es Gone Like Rain, la antepenúltima del disco que cuenta con una estructura muy definida y predecible, una canción ‘tipical Nightwatchman’, sociopolítica, de guitarra acústica, un sonido sordo de guitarra eléctrica y la harmónica que le da ese toque de trovador norteamericano en solitario. Y hablando de sonidos estadounidenses, la que sigue no lo es menos al contar con Shooter Jennings, una estrella americana del country contemporáneo, que a dúo con Morello consigue un simpático, animado y fresco toque antes del adiós de The Fabled City. Todo tiene un final, y The Nightwatchman decide que sea triste, ya que se podría decir que Rise To Power es de carrera la más triste, deprimida y dolorida del disco.

Con The Fabled City, Tom Morello iguala al ex cantante de Audioslave, Chris Cornell, en cuanto a discos en solitario se refiere de momento, y aunque ambos están realizando una gran labor encontrándose a sí mismos e innovando en cada disco, no llegan a la pegada que tenía Audioslave. Pero la realidad es como es, y Morello se ha metido en un proyecto completamente personal donde él disfruta, se nos descubre, nos hace llegar mensajes de paz y libertad y va cogiendo peso como trovador de almas perdidas. Estés de acuerdo o no con su personalidad de Mesías comprometido con el mundo, The Nightwatchman nos regala en sus discos su alto como músico y su sonido cada vez más característico y carismático.

Sea Sew [Lisa Hannigan]



La emancipación musical de Lisa

Después de que Damián Rice, le dijera a Lisa Hannigan, su compañera de batallas y colaboradora musical, que el “curso creativo entre él y ella” había terminado, Hannigan tenía que tomar la decisión de lanzarse a una carrera en solitario o seguir de flor en flor con otros artistas. Ha sido valiente, y el resultado es este Sea Sew que sabe a otoño y cuenta con una elaboración exquisita y varios registros musicales.

Ser músico en Irlanda es algo predecible y complicado. Todos y todas parecen querer colgarse una guitarra acústica y pisar todos los bares y calles de Dublín en busca de un futuro que rompa con sus penas y expandir una música de una calidad que solo los irlandeses y su perfeccionismo artístico puede alcanzar. Hannigan nos muestra en Sea Sew que no es necesario sumergirse en la melancolía total para hacer un disco que llegue a los más sentimentales, eso habría sido muy monotemático y aburrido para una artista que ha plantado cara a la vida musical en solitario muy en serio.

El cd comienza dejando un puerto irlandés para llevarnos por otros 10 puertos en los que está formado el disco, cada uno con su paisaje, su color y sus emociones. Lisa Hannigan es la capitana, una artista irlandesa que siempre ha sido conocida por ser la marinera del barco que Damien Rice, un grande ya de la música irlandesa, construyó poco a poco durante su vida.

Comienza con Ocean and a Rock, donde ya la cantante, músico y compositora empieza mostrando sus cartas: una buena cantidad de instrumentos para dar mayor constraste, producción exquisita, y una voz bordada con hilo fino. La voz de Hannigan, sin ser demasiado original y característica, logra ser cariñosa e interpretativa junto a sus letras, lo que le da un aire muy cercano y sentimental a sus obras. Tras la batería, guitarra, piano, juego de violines, trompeta… llega Venn Diagram, donde una guitarra acústica y una voz pausada hacen la mayor parte y merito de este segundo tema, pero termina rompiendo en una armonía instrumental que sabe a banda irlandesa. Con Sea Song, Hannigan pide definitivamente que se la tome en serio. Con un ritmo jugueton y una lírica estupenda crea una pieza musical de una rotunda base de percusión y un atractivo en la voz y el juego de instrumentos de cuerda que pone los pelos de punta.

La mayor representación de dulzura y cariño que Hannigan puede alcanzar con sus composiciones está en Splishhy Splashy, canción dedicada al fallecido músico irlandés Mic Christopher. La belleza de esta canción va haciendo cada vez más extrema según el ritmo calmado de guitarra acústica va acompañado de metalófono y una vez más, que para una violinista no puede faltar, un bonito juego de violines y violoncelos.

De todos modos Lisa Hannigan evita ponerse demasiado nostálgica y vuelve a llenar de pintura de colores el álbum con I Don’t Know, simpática y soñadora. Keep it All la sigue con un constante ritmo donde se revuelca la batería con los instrumentos de cuerda mientras que la voz de Hannigan disfruta de esta fornicación.

Pasado ya el ecuador de este breve pero conciso disco, Courting Blues se encarga de ir abriendo las puertas para la recta final con una mareada canción que se deja llevar con notas ascendentes y decadentes a lo largo de su duración. Esta confusión se tranquiliza con la paz de Pistachio, donde Hannigan muestra su gran capacidad lírica de decorar lo cotidiano con sentimientos profundos y transcendentales, “the way of a photo left out in the sun, so i try to sep myself in lilies and flax seeds”.

Una dolida Teeth pide paso en la traca final, una de las más cargadas de sentimiento de este Sea Sew, donde el violín se hace lágrima y el piano una caída en cámara lenta. La manera en que esta canción converge en el final es sublime, donde los instrumentos se ponen guapos para descargar toda la tristeza acumulada y Hannigan pone su voz para explicar ese dolor inerte.

Al final todo llega a buen puerto, ya que Lille se encarga de cerrar este viaje con la dulce Hannigan interpretando una canción que es una sonrisa por sí misma y un “nos vemos en los escenarios”, que es donde un músico de la Irlanda se siente realmente vivo.

Aunque solo sea por morbo, merece la pena ver lo que ha hecho Damien Rice para su siguiente álbum, el resultado de su proyecto de escribir una canción por día en su viaje de 10 días de Dublín a Barcelona, ahí es nada.

Suerte Lisa.

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Coldplay, Palacio de los Deportes de Madrid 07.09.08

“Maravilloso”

Es esta palabra, pronunciada por Chris Martin el domingo en el Palacio de los Deportes, la que define una noche gloriosa para los muy señores míos de Coldplay.

Con ese adjetivo el líder de la banda se refería a la actitud del público presente en el concierto madrileño, ya que según su juicio, tras los últimos cientos de conciertos realizados alrededor del mundo, los que aquella noche disfrutaron y siguieron el concierto con toda su alma están, “en la cima del ranking de las mejores audiencias, el número uno”. Pero bueno empecemos por el principio como en toda gran historia.

Tras la llegada de Albert Hammond JR (guitarrista de los Strokes y telonero de Coldplay en su gira europea) la pista fue alcanzando su lleno, algo predecible cuando las entradas se agotaron en poco más de tres días. El californiano dejó claro que a partir de ese momento los allí presentes solo oirían buena música. Tres guitarras, más un bajo y una batería aporta mucha potencia al asunto, y más cuando Hammond traía con él una banda que le igualaba en tablas. Casi sin parar, el estadounidense convino canción tras canción, todas ellas con una gran energía positiva y un sonido envidiable. Con ello y su simpatía, hizo las veces de un delicioso entrante para luego pasar al plato fuerte.

Con casi perfecta puntualidad, aparecieron tras un telón negro transparente entonando el tema introductoria de su último álbum Viva la Vida or Death and All His Friends: Life in Technicolor. El telón tiró para arriba para poder ver el Delacroix, que hace de portada en el disco, en dimensiones impresionantes como fondo de escenario y Coldplay tiró de primer single de su último trabajo con la canción de alma de blues Violet Hill. A partir de este momento el concierto tomo un ritmo ascendente en calidad, entrega, diversión, belleza y grandes hits.

Se abrió paso Clocks para deleitar al 100% de aforo en el Palacio de los Deportes, lleno hasta la bandera. Las luces láser que no pueden faltar ya junto con este tema iban absorbiendo cada vez más a la audiencia hacia el placer musical que en el escenario se ofrecía. Otro gran single de su segundo LP, In My Place, mantuvo el ritmo de un inicio de concierto frenético y lleno de éxtasis. Speed Of Sound quedó de lujo, y tras este tema ideal en vivo Coldplay se apresuró en volver a su último disco con Cemeteries Of London. El público estaba absolutamente conectado con Coldplay mediante Chris Martin, que se volvía loco cuando sentía que la mayoría le seguían en su “singing laaaaa laralaaaaala leeeeee” gritando “seguidme joder” con una gran sonrisa y un simpático español. No tardaron apenas en ponerse los guitarras en fila (Martin, Buckland y Berryman con su bajo) frente al escenario para enchufar la genial semi instrumental Chinese Sep Chant que se esconde en su último disco. Acogedora fue 42, que terminó estallando con toda la banda, un tema que valdría como cierre si esto no hubiera hecho más que empezar.

Fix You es una rampa de emociones de la que no puedes escapar te chifle Coldplay o no. Aunque esta vez no utilizaron el recurso de la bombilla que Chris Martin solía bambolear en la catarsis de esta gran canción, esta joya escaló cada peldaño del Palacio de los Deportes para poner a todos en pié. Strawberry Swing, volviendo al Viva la Vida, sonó delicada y pulcra, otra inyección de la música positiva que Coldplay sabe crear.

Coldplay llegó a una nueva fase del concierto donde decidieron experimentar. Todos ellos se fueron a una de las pasarelas que salían de los laterales del escenario y se introducían en la gran masa de los asistentes para interpretar una versión tecno (si, tecno) de God Put A Smile Upon Your Face y Talk, matando así dos pájaros de un tiro. Aunque con poco más de una batería electrónica estos temas no suenen ni la mitad de contundentes, aprecio que los grupos de vez en cuando hagan este tipo de cosas que hagan una gira única, un atrevimiento que deja una marca en su actuación y que normalmente nadie olvida. Pero como para gustos están los colores, actos seguido le plantaron el piano a Chris Martin en esa misma estrecha plataforma para interpretar el solito The Hardest Part, que sonó con tintes más románticos y profundos de la que esta suele disfrutar. Tras enlazar este tema a una pieza a piano que se sacó Martin de la manga, no le dio tiempo a girarse para volver al escenario cuando se abrió la gran esperada de la noche: Viva la Vida. Los fans y no tan fans no pararon de corear ese “oooooOOOHH oooh ooooh ooooh” incluso habiendo finalizado la canción. Fue un momento absoluto de simbiosis entre público, Coldplay, violines (pregrabados, eso sí), campanas y percusión. Es este último elemento el que se hizo protagonista en el tema que seguía, Lost!, donde Guy Berryman acompañó a Will Champion para conseguir esa base de drums que levantaron las palmas y cuerpos en el estadio.

Y de repente se desvanecen. Coldplay desapareció. La gente esperaba que se tomasen un breve descanso y volverían a ese escenario pero no lo hicieron. Al instante de su desaparición unos gritos y vítores desde el fondo del pabellón, los focos siguen la jugada, son ellos. Coldplay, en cuestión de segundos, se colocó al fondo a la derecha (visto desde el escenario) en medio de las gradas armados de guitarras acústicas, armónica y otros elementos para hacer una versión Unplugged de The Scientist. Absolutamente emocionante. Chris Martin, como gran bromista y show man que es, cantaba junto su armonica “no hablo español,  no hablo español” en tono de blues que arrancó las sonrisas en el pabellón. Esta sensación positiva y de buen rollo en el aire fue acompañada por Death Will Never Conquer, interpretada por el propio batería Will Champion, gran amante del folk como se pudo apreciar en los tonos de la canción.

Volvieron a desaparecer. El ánimo que arropaba a los afortunados que lograron una de las entradas más cotizadas este año en la capital española había alcanzado la cima de “esto no puede ir mejor”. Mientras los asistentes esperaban el retorno de sus (aunque fuera por aquella noche) ídolos, éstos no paraban de cantar, vitorear y expresar de la manera más clara el concepto VIVA LA VIDA que los Coldplay lograron transmitir en la noche. Viva la vida, en una versión de remix electrónico, sonaba de fondo durante la espera, hasta que no tardaron en aparecer y hacer detonar Politik y así mantener la pasión que brotaba de la superficie. Y entonces pasó lo inevitable: que las flores que fue cogiendo color durante todo el concierto finalmente se abrieron con Lovers In Japan. La puesta en escena que acompañaba a este precioso homenaje al amor: imágenes de películas en blanco y negro daban el perfecto contraste para las miles de mariposas de colores que cayeron de lo más alto del pabellón. Esta lluvia de colores, con uno de los temas de mayor carisma creados últimamente por Coldplay, resumían en 3 minutos lo que significó esa noche para muchos: Viva la vida.

 

No hay vida sin muerte, por lo que Martin, una vez más esforzándose para introducir en español el próximo tema a tocar, hace irrumpir en escena a uno de los temas más tiernos y agradables del último disco, Death and All His Friends. Este es un dulce adiós que subraya la gran gesta de Coldplay en la noche de convertir la música en felicidad, asombro y entusiasmo. Fue en este tema donde se vio, como durante todo el concierto, la unión de la banda, ya que el final de esta joya pone a los cuatro ingleses a cantar, aportando una gran positividad en el escenario. Y hablando de buen rollo, nada mejor que terminar la hazaña que una Yellow como cierre final, un broche resplandeciente que congeló en un instante todas las sonrisas y buenas vibraciones recogidas en el Palacio.

Un concierto se mide por sus canciones, puesta en escena, el lugar, relación público-artista, creatividad, sorpresas, momentos inolvidables y sensaciones atípicas. Coldplay sacó nota en todas las asignaturas en un 7 de septiembre muy difícil de olvidar cuando estos chicos han realizado posiblemente el mejor concierto en nuestro país, y uno de los mejores en lo que respecta al juicio de Million Miles of Music.

Viva la Vida, Coldplay y todos sus admiradores.

 

Sala 4.5 (La acústica del Palacio de los Deportes es muy buena, el pabellón estaba bastante acondicionado a pesar de la gran cantidad de personas que se dieron cita)

Público 4.5 (Entregados, ilusionados, respetuosos en su mayor medida, con ganas de pasárselo bien sin aguar la fiesta a los demás… hasta la fecha no he encontrado mejor audiencia que la de Coldplay)

Teloneros 3.5 (Albert Hammond JR ha sido una buena elección. Una música de gran calidad y mucho ánimo, aunque a la voz, como muchos guitarristas que pasan a cantantes, no es nada del otro mundo)

 

Setlist

Life In Technicolor

Violet Hill

Clocks

In My Place

Speed Of Sound

Cemeteries Of London

Chinese Sleep Chant

42

Fix You

Strawberry Swing

God Put Smile Upon Your Face + Talk (TECHNO)

Hardest Part (Chris Martin & piano)+Pieza piano

Viva la vida

Lost!

The Scientist (acustico)

Death Will Never Conquer 

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Politik

Lovers In Japan

Death and All His Friends

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Yellow

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Fotografía & Video: Mezken