DÍA DE LA MÚSICA, 22-23.06.12, Matadero de Madrid [CRÓNICA]

“Solamente nos queda la música”
Los amantes de la música volvieron a sonreír con una serie de conciertos que hacían tributo a ese placer que llega en verano con forma de festival todos los años.
Los días más fuertes del festival arrancaban con un público más arrimado a las sombras que a los escenarios. Pero por suerte para la salud de los asistentes, tres de los escenarios disponibles estaban a cubierto y bastante fresquitos.
El que tenía el escenario más ocupado era el Spotify, que comenzaba el viernes con un cartel femenino capitaneado por la genuina St.Vincent; seguía un cartel masculino con los fantásticos Bear in Heaven de Brooklyn y la fiesta irrefrenable de los barceloneses Mendetz; para finalmente terminar con un hombre y una mujer que llevan 10 años en el cotarro pero dada su desgana y poca fuerza parecía más bien que llevasen 40 años: The Raveonettes, que ya sea por el vuelo con escala que se habían pegado desde Nueva York o por simple falta de actitud, salieron a dar la mitad.
Cuando alguien piensa en la palabra ‘música’ no tiene por qué siempre ser algo relacionado con el ‘indie’ o los modernos. Para respetar la universalidad de la música, los del día de la música han intentado meter ‘un poco de todo’, y prueba de ello fue Lee Fields & The Expressions, una especie de reencarnación de James Brown que animó la tarde, sacudió el calor y atrajo el olor a porro entre la audiencia.
Se arrimaba la noche y nada mejor que la sensualidad y sensibilidad del introvertido James Blake, que se atrevió con un festival español tocando temas poco o nada bailables, algo que, como dijo horas antes el cantante de Bear In Heaven, era algo poco recomendable, “tocar una canción lenta en un festival es muy peligroso, pero es que nosotros somos muy peligrosos”. El que arriesga gana y no defraudó, así el público ahorraba fuerzas para la energía de Two Door Cinema Club, los autores de la canción que más sonaba entre concierto y concierto del festival, ‘Something Good Can Work‘.
El sábado empezaba sentado en los escenarios cubiertos con la notable actuación del irlandés que cautivo al auditorio del escenario Rockdelux. Los primeros valientes que salieron al sol a tocar fueron Fanfarlo, quienes aguantaron el tipo en todo momento y ni siquiera su líder Amos Memon se desabrochó ninguno de los botones de la camisa. Les siguieron los tejanos Spoon, desde el otro escenario principal, con un rock más británico que americano demasiado movidito para la que estaba cayendo.
Las actuaciones estrella fueron la que dieron los de Mercury Rev tocando única y enteramente su disco más afamado, el Deserter’s Songs; y la exhibición de Maxïmo Park, expertos en causar sensaciones entre el público español. Ambas bandas brillaron con un foco de luz centrado en su líder. Jonathan Donahue para los de Mercury Rev estaba pletórico con su botella de vino, brillantina en las mejillas, una sonrisa casi permanente y una actuación que rozaba la entereza teatral. Paul Smith, junto a sus Maxïmo Park, salió a comerse la noche como un vendaval. Sus saltos, su voz, sus movimientos de cadera y su enorme carisma fueron potenciados con la gran actuación de los suyos, que tocaron como nunca ante un público habitual que es el español. Al contrario que el homenaje nostálgico de los de Donahue, los británicos optaron por promocionar su nuevo disco, The National Health, que sonó a nueva gloria. Smith era consciente de que allí se rendía culto a la música, “Europa está fatal y todo va a peor, solamente nos queda la música”.
Aunque se no olvidaron los temas obligados como ‘Girls Who Play Guitars‘, ‘Apply Some Pressure‘, ‘Limassol‘ o ‘Going Missing‘; siempre queda esa sensación de que fue demasiado corto, y es que los de Newcastle se hartan de visitar nuestro país, pero desde hace ya años lo hacen únicamente en festivales. Dejaron atrás su anterior disco, Quicken the Heart, reservándole únicamente una sola canción del mismo, ‘Questing Not Coasting‘, para el setlist. El espectáculo que dieron en el escenario RNE3 daba calambre, fue una maravilla.
Fue un día marcado por el partido de la selección española ante Francia para los cuartos de final de la Eurocopa, que dividió al público entre los que optaron por ver a Love of Lesbian y los que se quedaron viendo el partido desde las pantallas gigantes. Así se demostró que fútbol y música no son incompatibles y que cada uno puede elgir su entretenimiento sin fastidiar el del otro.
La noche no duró mucho más y se despidió con Metronomy en el escenario principal y Apparat en el escenario Spotify con la gente ya más relajada, bebiendo mojitos, degustando las fantásticas hamburguesas caseras del festival o dando los últimos botes que permitía el cuerpo.
Un buen lugar, un buen cartel y un ambiente positivo son algunas de las sensaciones que dejó el Día de la Música 2012 en el Matadero de Madrid. Un ‘día’ irrepetible en un festival que dan ganas de volver a disfrutar en próximas ediciones. Sin tener unos pretenciosos ‘cabezones’ de cartel, esta gran iniciativa se convierte ya en un festival de referencia en Madrid.

IMÁGENES DEL FESTIVAL

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