Milk (2008)



Un Sean Penn absoluto en buenas manos


Cuando una película cuenta con un gran reparto es una película interesante. Cuando el reparto esta dirigido por alguien como Gus Van Sant, y la película trata el drama de una minoría social como los homosexuales, es un Oscar en potencia.


Las últimas películas del señor Penn han sido de carácter puramente político (El Asesinato de Richard Nixon, El Interprete y Todos los Hombres del Rey, en la que ya ejercía como gobernador de Luisiana ). Ahora en Milk vuelve a ser ese político revolucionario basado en hechos reales, donde encarna a Harvey Milk, el primer gay reconocido elegido para un cargo oficial en California como Concejal del Distrito de San Francisco. Aquí, uno de los grandes como es Penn, tenía que dar la talla y dejar una marca profunda en el cine, y el director Gus Van Sant no tenía menor ambición que esa.


Penn ya venía preparado políticamente, ya que recicla algunos elementos de su interpretación en Todos los Hombres del Rey, algo que se puede ver en sus discursos en público, su gesticulación, el trato con sus seguidores…etc; aunque la gran diferencia entre estas dos películas es que la anterior es densa y esta mantiene los ojos pegados a la pantalla gracias a una creativa imaginación del director. Penn encaja a la perfección en el papel pero no lo hace peor el reparto que le rodea, destacando a James Franco como la pareja de Milk, un actor de reparto con una actuación y conexión con el actor protagonista impecable.



Llegados a este punto hay que hablar de la manera en que Van Sant muestra los momentos de placer e intimidad de los homosexuales en la película. Ni se corta ni se pasa. Es como una película cualquiera de amantes, son escenas que hemos visto mil veces en Hollywood entre un hombre y una mujer pero con el añadido de que hablamos de parejas gays, algo que le chocará solo a aquel que le choque la realidad de que los homosexuales tengan relaciones sexuales y afectivas. Es más, los actores en ningún momento muestran algún mínimo gesto de timidez, tapujo o escándalo a la hora de ponerse cariñosos con un actor 20 años mayor que ellos como es Penn. No se esperaba menos profesionalidad.



Gus Van Sant pinta un film con muchos matices, técnicas audiovisuales y logra crear esa sensación de miedo y represión que viven los protagonistas en la película, haciéndonos formar parte de la minoría castigada. El director norteamericano es un experto en retratar la decadencia de sus personajes (los últimos días de Kurt Cobain en Last Days, las últimas horas de los estudiantes de Elephant, o el acorralamiento del skater adolescente de Paranoid Park). Además, para lograr una mayor sensación de realismo (sin olvidar que estamos hablando de una gran producción hollywodiense), en la película aparecen imágenes reales del movimiento gay de Harvey Milk, las revueltas, las marchas multitudinarias, la represión…etc.



Un drama político sobre un colectivo reprimido que a diferencia de lo que ocurre con raza y el color (a no ser que seas Michael Jackson) los gays tienen la ‘desgracia’ de poder ocultarse. Harvey Milk es la muestra de que la represión sigue latente y con gran fuerza, pero este largometraje vuelve a tocar con sus nudillos a todos aquellos armarios que no han terminado de abrirse a la busqueda de derechos humanos.

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